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lunes, 18 de julio de 2011

1.486-1.542. Alfonso de Segura. Comentario de La Oratio



“EL HUMANISMO ARAGONÉS EN TIEMPO DEL REY CATÓLICO” (Cuadernos de Historia Jerónimo Zurita, 12-13)
http://ifc.dpz.es/publicaciones/ebooks/id/259

Por María Dolores Cabré Montserrat
http://dialnet.unirioja.es/servlet/fichero_articulo?codigo=253235&orden=81498


COMENTARIO DE LA ORATIO DE A. DE SEGURA

El discurso de A. de Segura ofrece fácil y ancho campo para investigar la erudición del autor. Con la ingenuidad del que no ha convertido en sustancia propia multitud de conocimientos que acaba de aprender, se nos manifiesta Segura como el alumno joven, expertísimo en latín, poseedor de todos los secretos de la lengua de Roma, con la cual, y por mandato de un profesor, realiza un ejercicio escrito de oratoria. Se trata de una obra juvenil, entusiasta por la cultura antigua adquirida bajo una dirección excelente y que adolece de falta de madurez por edad y formación.

Tiene la "Oratio" un lenguaje y una construcción de perfección ciceroniana y una pasión admirativa, cálida, por el personaje a quien alaba, tan fuerte, que resalta por su sinceridad a pesar de lo convencionales que son esta clase de discursos. El autor sitúa al arzobispo Alonso en un momento histórico y comprende su grandeza. Estos factores nombrados constituyen las grandes cualidades de la "Oratio". Junto a ellos unas fuentes, pocas, que revela con sencillez. El fondo de la obra es pobre, y, como consecuencia, para suplir la poca variedad de influencias y de argumento, Segura juega con el lenguaje haciendo piruetas y filigranas temerarias.

A pesar de la poca consistencia de la trama, ¡qué hermoso discurso es la "Oratio"! Hay en él momentos verdaderamente impresionantes que si nos parecen artificiales es por tener que estar encerrados dentro de los estrechos moldes de unas reglas y un modelo. En verdad que se respira la vida y la magnitud de unas empresas dirigidas por dos hombres de valía compenetrados estrechamente: Fernando el Católico y su hijo el arzobispo Alonso. Y todo el entusiasmo, expresado por unas frases atrevidas en construcción, por un exceso de hipérbole, por comparaciones audaces, que a veces nos hacen perder el hilo de un argumento que apenas existe; expresión flotante y espumosa que tiene un ritmo especial que acaricia el oído.

Don Alonso y su vida, siempre contemplados a través del padre, menos en el aspecto cultural, es, como hemos dicho, el punto central del discurso, para cuya construcción busca Segura modelos latinos que describan circunstancias de tiempo y acción parecidas a las de sus personajes. Hasta el siglo XVI, ya lo hemos comentado, se mueven los humanistas entre Cicerón y Virgilio. Entre los dos autores, y alguna que otra pequeña intromisión, también, clásica, se tejen los hilos de nuestro discurso.

De Cicerón, y sobre todo para construir el cañamazo de la "Oratio", coge Segura la obra juvenil de Tulio, Pro lege Manilia, destinada a hacer el panegírico de un político-militar, Pompeyo, hombre elegido para proseguir la guerra en el Ponto.

Como Cicerón hace en el exordio alusión a su juventud (véase pág. 69), "nam cum antea per aetatem non dum ujus auctoritatem loci contingere auderem; statue remque, nihil huc, nisi perfeetum ingenio elaboratum industria".

Después, como Tulio, divide su discurso en tres partes, de las cuales Segura sigue la dedicada a estudiar los antecedentes familiares y la vida militar de Pompeyo (véase pág. 69, líneas 27 y ss.): "Primum mihi videtur de genere belli, deinde de magnitudme, tum
de imperatore deligendo esse dicendum".

Sigue a su modelo en el paso de una parte a otra y en la exaltación de Pompeyo por sus dotes de mando como general, por su prudencia, virtud y diligencia.

Cuando se trata de exaltar la figura del arzobispo como amante y protector de las letras, sigue el Pro Archias, de cuya obra encontramos muestra en la página 70: "Si quid est in me ingenii, judices, quod sentio quam sentio quam sit exiguum".

En la página 77, líneas 40 y siguientes; en la página 72, líneas 31 y siguientes, y en las últimas páginas del discurso cuando coloca, como Cicerón, la eternidad de la fama alcanzada por las cosas del espíritu sobre el cultivo de las corporales.

Acusa también la influencia de la primera catilinaria (véase pág. 74, línea 8, y pág. 77, líneas 22 y ss.).

Se notan influencias del primer libro de la segunda guerra púnica de Tito Livio, sobre todo en lo que se refiere a las campañas de Scipión y Aníbal, tan dramáticas, y la lucha contra los galos en la parte catalana, que tanto impresionaban, con valor de actualidad, a los aragoneses del tiempo de Fernando el Católico y de su hijo. Como en Tito Livio, encontramos pequeñas descripciones de lugares incultos y salvajes, y alusiones a las luchas; a los nombres y acciones de Aníbal y Scipión, en la página 74, en la 76, en la 77, en la 78, línea 11, en la que se nos presenta a Hyeron de Siracusa, nombrado por Tito Livio. Los retratos físicos y morales de Fernando el Católico (véase pág. 71) y de su hijo Alonso (pág. 79, línea 43) acusan influencias del historiador paduano.

Segura leyó a Horacio, ligeras influencias del cual encontramos en el discurso. La oda XIII del libro IV, dedicada a Augusto, repercute en la labor pacificadora de Alonso, con la cual es posible el ocio fecundo y el cultivo de las letras y la exaltación de la raza y de la unidad de la patria. Estos conceptos suele repetirlos Horacio en la oda IV del libro IV. En la epístola XI del libro II, dedicada ad Bullatium. de los versos 7 y 8; 12 y 13 hay dispersas algunas palabras que leemos en la página 74, líneas 12 y 13. Horacio tiene: "Seis Levedus quid sit Gaviis desertior atque / Fidenis vicus: tamen illic vivere bellem / ...; neo qui frigis colligit furnos et balnea laudat". En la epístola primera a Augusto (libro II), al hablar del tiempo presente poco propicio, si el emperador no toma el asunto por sus manos, al desarrollo de las letras se expresa de manera parecida a la de Segura. El poeta latino exclama: "Mutavit mentem populus levis, et calet uno / scribendi studio...".

Si Cicerón es el fondo seco y la forma académica del discurso, lo que da a éste un aire de romanidad y de grandeza antigua es la atmósfera poética y religiosa de la Eneida.

Pensaba Segura en un padre y en un hijo prestigiosos; pensaba en las primeras bases políticas de grandiosidad y de dominio por todo el orbe, que se estaban asentando con el Rey Católico; pensaba en el estado sacerdotal de Alonso, que, según dice, se apartaba de los vicios con heroísmo y llevaba un destino sobrenatural, con una ascendencia divina, elegido como cabeza de una estirpe ilustre y dominadora. Todas esas ambiciones no podían encontrar más que un modelo, que era Eneas, piadoso y divino, que se arrodilla frecuentemente con las manos en alto para pedir ayuda celestial.

Hay detalles más concretos que son transcripciones claras de las obras de Virgilio. En la página 70 tenemos influencias del verso 57 del libro I de la Eneida. En la página 70 del verso 287 (canto I); en la página 76 del verso 881 (canto IV); la alusión al Ganges de la página 74 se halla en el verso 31 del canto IX; la generación divina de Alonso está ilustrada por el verso 322 del canto VI; la página 75 tiene los versos 151 y 152 del canto I; en la página 80 encontramos una alusión a la égloga IV.

EL ESTILO DE LA "ORATIO"
En cuanto al estilo, encontramos exceso de retoricismo. Abusa de los superlativos de tal manera que no duda al colocar un adjetivo escrito en grado máximo al lado de un adverbio que hace superlativo también. Justifica la hipérbole y lo desmesurado de las comparaciones diciendo: "Como suelen decir". Usa frecuentísimamente la inversión del relativo, que pone antes que el antecedente, colocando en la oración principal el demostrativo is, ea, id en sus diversas formas. Esta libertad que usan de cuando en cuando César y Cicerón, Segura se la permite siempre. Abusa también de la partícula ut, con la que empieza una oración que no sabe el autor mismo cómo acabará. Otra libertad que se permite es la de usar con frecuencia el relativo qui, quae, quod en sentido causal, poniendo, cosa ilícita, el verbo en indicativo.


viernes, 12 de noviembre de 2010

1.486-1.542.- ¿Quién fue Alfonso de Segura?

1.486-1.542.- ¿Quién fue Alfonso de Segura? (Dñª. Teresa Jiménez Calvente, Doctora en Filología Clásica por la Universidad de Alcalá de Heneras)


Teresa Jiménez Calvente
- Licenciada en Filología Clásica (Univ. Autónoma de Madrid), julio de 1990.
- Doctora en Filología Clásica (Univ. de Alcalá), diciembre de 1995
Universidad de Alcalá
Departamento de Filología

http://www.departamentofilologiauah.com/profesorado_latina_tcalvente.htm

Artículo: "La Oratio ad Alfonsum Aragoneum de laudibus et pontificatus et regni diligentissime eius gubernatione de Alfonso Segura, discípulo aventajado y escritor en ciernes", eHumanista 5 (2005), pp.48-95 (revista en formato electrónico).

http://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/volume_05/articles/Jimenez.pdf


2. ¿Quién fue Alfonso Segura o de Segura?
No sabemos muy bien cuántos años tenía con exactitud Alfonso Segura cuando se acercó a Marineo en Zaragoza en el verano de 1508, aunque en la ep. VI 4 dice tener 22 años; de ser exacta esa edad, cabe suponer que Segura había nacido ca. 1486. Tampoco sabemos con certeza cómo se llamaba en realidad, pues ese apellido Segura con que rubrica sus cartas no es más que un cognomen, un nombre postizo de acuerdo con la costumbre propia de la época de buscar un apodo latinizado que tuviera resonancias más nobles. Según sus propias palabras (ep. IV 10), había nacido in ulteriori Hispania Illiberritano regno prope in conspectu o, en otras palabras, en Jaén, cerca de Segura de la Sierra; ahí está el origen de su nombre, pues a pesar de ser oriundo de Villa Rodrigo prefirió servirse de un topónimo más noble, suave y breve (a nobiliori...aut suaviori et magis brevi), según el ejemplo de Virgilio también llamado el Mantuano pese a provenir de la aldea de Andes (además de este ejemplo clásico que el propio Alfonso aduce, bastaría recordar los casos de Nebrija, quien adopta el topónimo latino de su Lebrija natal, y del propio Lucio Marineo, apodado Sículo). Tras sus primeros estudios en su pueblo natal, Alfonso Segura dice haber estudiado en la recién inaugurada Universidad de Alcalá de Henares al lado de los maestros Alfonso de Isla (ep. XV 5 y XVI 5) y Hernando Alonso de Herrera (ep. X 1), lo que plantea algún problema, pues es bien sabido que la Universidad de Alcalá abrió sus puertas de manera oficial en 1508. Posiblemente, antes de esa fecha, ya existía el germen de esos estudios reglados desde que el Cardenal Cisneros sentó las bases de su fundación y recibió la bula papal en 1499.

Precisamente, Lucio Marineo escribió a Herrera para comentarle cuánto le había impresionado ese joven Segura que se declaraba discipulus Ferdinandi Herrariensis y Siculum cognoscendi percupidus, con quien había mantenido una interesante conversación sobre la lengua latina y sobre las partes del discurso y de la Retórica. Gracias a aquella primera conversación en Zaragoza, en julio de 1508 (nonis Quintilibus), Marineo se forjó una determinada imagen del joven, del que dice que “no es testarudo, como la mayoría, ni ambicioso, sino no menos deseoso de aprender que de disputar”. Además de estos datos ofrecidos por Marineo, el propio Segura expresa, en una carta enviada a Marineo al día siguiente de su encuentro, su admiración por el erudito, del que destaca su extraordinaria humildad (ep. V 19).

En ese mismo escrito, le manifiesta su deseo de tomarlo como maestro y guía, por lo que le pide que, en adelante, le perdone por sus frecuentes preguntas (quaestiunculae), pues es consciente de su tendencia a hablar demasiado (garrulitas); por lo demás, sólo quiere mostrarle que ve en él un modelo que imitar y que aspira a parecerse a él (una idea que se repite sin cesar en toda la correspondencia que Segura dirigió a Marineo, como las ep. V 19, 20 o VI 2).

Esas primeras cartas reflejan el extraordinario entusiasmo de Segura y sus enormes ganas de aprender (“cuando te escribo no busco alabanzas sino que deseo correcciones” [ep. V 21, 3]); del mismo modo, se percibe la ilusión de Marineo por haber encontrado un discípulo leal, alguien a quien formar y en quien dejar alguna huella: “Me felicito y me considero no poco feliz porque me ha tocado en suerte tal amigo y discípulo” (ep. VI 1, 1). El joven Segura intentó poner en práctica aquellas primeras enseñanzas dictadas por Marineo, en las que se le aconsejaba cultivar su ingenio a través del ars, la imitatio y la scribendi exercitatio. De este propósito nació un primer ejercicio retórico, una Vita Lucii, una verdadera laudatio compuesta según los preceptos del género epidíctico, donde el perfil biográfico se adorna con un perfil moral (las virtutes o dones intrínsecos, según las palabras de Cicerón en su De oratore); entre éstas, volvía a destacar la extrema humildad, morigeración y el amor desmedido por el estudio del siciliano, con lo que Segura trazaba una completa semblanza de Marineo de acuerdo con el renovado género de las laudes poetarum. Abrumado ante tantos elogios, Marineo, como buen maestro que hacía gala de su humildad, le aconsejó en su carta de respuesta (ep. VI 3) que escogiera como modelos de imitación y como temas para componer elogios a otros eruditos de más talla, como Marco Antonio Flaminio, quem ego (quod sine invidia dictum velim) et omnium qui sunt hodie longe doctissimum sapientissimumque iudico. Ante aquella propuesta, Segura insistió de nuevo en la superioridad de su maestro y en su firme propósito de convertirse en sincero cultor de su nombre (ep. VI 4).

Otras veces, sus epístolas reflejan sus dudas sobre algunas de las lecturas recomendadas por su admirado Marineo, como en el caso de la Miscellanea de Poliziano, obra que le parecía un tanto difícil (ep. VI 5 y 6); en otro momento, le comenta que, siguiendo su consejo, ha adoptado a Cicerón como modelo absoluto para sus escritos (ep. IX 21, 5): Ciceroni ante alios, si quid reliquum est temporis, me totum dedo tuum consilium secutus. Pero, las más de las veces, Segura habla de sentimientos, de afecto y admiración, algo que se repite también en las cartas que envía a otros amigos.

En estas y otras ocasiones, desde los primeros encuentros, Marineo se sintió responsable de su joven discípulo y quiso guiar sus pasos para que pudiese afianzar su posición dentro del círculo de sus poderosos amigos en Aragón, como Gaspar Barrachina, secretario del arzobispo de Zaragoza, Antonio Ronzoni, secretario del Cardenal de Santa Sabina, o Juan de Alagón, mayordomo del arzobispo. Antes de conocer a Marineo, Segura ya había tenido acceso a algunos de estos personajes, como el poeta alcañizano Juan Sobrarias, cuyo opúsculo De laudibus Alcagnicii (1506) se abre precisamente con una carta de Segura, en la que éste le felicita por su obra, una oratio que califica como elegans et culta, copiosa et gravis, summo etiam artificio tertio quoque verbo conscripta. Tampoco faltan ahí elogios hacia los poemas incluidos tras el discurso, que denotan, en opinión de Segura, una mano capaz de componer, si tuviera tiempo suficiente, una nueva Eneida u otra Farsalia; por ese motivo, le desea que encuentre pronto un Mecenas que le redima de la dura tarea de dar clases (Utinam essent Mecenates ut te ab istaprofessione docendi redimeres!). Con amigos como éste, a Segura no le debió resultar muy difícil acceder al italiano, por el que ese grupo de eruditos aragoneses mostraba una gran admiración (basta recordar los numerosos poemas que Sobrarias dedicó a Marineo dentro del opúsculo antes mencionado).

La preocupación de Marineo por el bienestar de su discípulo le llevó a hablar de él en los círculos cortesanos, donde cada vez era más frecuente contratar los servicios de un joven maestro de gramática para hacer las veces de tutor o maestro de primeras letras. En el epistolario de Marineo, podemos leer varias cartas de Segura a algunos cortesanos para granjearse su amistad.

Todas ellas obedecen a un mismo patrón, el de la carta de presentación, con la que el joven, protegido por el escudo de su maestro, verdadero instigador de las misivas, solicita la amistad y el apoyo de sus corresponsales; así, escribió en dos ocasiones a Luis Sánchez, tesorero de los Reyes Católicos (ep. VII 11 y 12); a Juan Ruffo, arzobispo de Cosenza y nuncio papal (ep. V 8); a Pedro Mártir de Anglería (ep. XVI 17), al que le pide que “le incluya en el número de sus amigos”; a Antonio Mudarra (ep. XII 8) y Diego Ribera, obispo de Mallorca (ep. XI 20). De esos contactos surgió una nueva oportunidad para el joven, que se convirtió en tutor de Juan de la Caballería, miembro de una importante familia de conversos de la Corona de Aragón, hecho que tuvo lugar al poco de conocer a Marineo, quien se encargó de las presentaciones (scis, te auctore, Ioannem Cavalleriam, adolescentem probum, superiore anno fuisse mihi discipulum [ep. XIII 7]). Esta relación fue de vital importancia para Segura, que se trasladó junto a su pupilo a Lérida para iniciar los estudios de Derecho. Antes de tomar esa decisión, Segura también quiso recabar el apoyo de su querido Gaspar Barrachina, secretario del arzobispo de Zaragoza, a quien le pidió consejo ante esa crucial decisión. Éste en más de una ocasión se había mostrado favorable a esa decisión, según le expone a Marineo en la ep. XIII 9, 2: [Segura] se da cuenta de las injustas costumbres de nuestro tiempo: en otras palabras, todos los hombres importantes de España y, para ser sinceros, los ricos de cualquier sitio suelen sentir por los elocuentes sólo admiración, pero es a los jurisconsultos a quienes confieren prebendas, riquezas y dignidades.

Ya en el Estudio General de Lérida, durante el curso 1509-10 y 1510-11, Segura refleja en su correspondencia su terrible frustración al comprobar que ha de dejar sus aspiraciones literarias para volcarse en una disciplina que, a pesar de no ser de su agrado, le auguraba mayores emolumentos. Su desesperación se incrementó cuando el joven Caballería enfermó de fiebres cuartanas y tuvo que abandonar las aulas durante un largo periodo, justo en el momento en que su iuris ediscendi aviditas estaba más encendida (ep. XII 14). Fueron meses duros de retiro en Alcañiz, sobre todo durante el verano y el otoño de 1510, en los que Segura pensó tirar la toalla, según expone en repetidas ocasiones a Marineo (ep. XII 16, XVI 9) y a Barrachina (ep. XII 14); este último le aconsejó no dejarse vencer por la adversidad, pues los estudios de Derecho reportaban grandes honores y beneficios (ep. XII 15). Sus continuas quejas y angustias llevaron a Marineo a proponerle una nueva salida profesional: convertirse en el preceptor de los hijos del célebre Palacios Rubios, iurisconsultus et Ferdinandi regis consiliarius (ep. XIII 10). Marineo muestra una vez más su espíritu solícito, deseoso siempre de ayudar a su dilecto discípulo: “nunca he dejado de pensar, de dar vueltas e incluso de hacer la corte para encontrarte alguna posición cómoda y honesta que te librara de la preocupación de tener que buscarte el sustento con esfuerzo, y que no fuera un obstáculo para el avance de tus estudios”. Sin embargo, Segura rechazó este ofrecimiento porque su aceptación suponía dejar a Juan de la Caballería en un momento delicado (ep. XIII 11): “nunca me permitiré parecer ingrato a mi señor Francisco de la Caballería, que, además de su buen talante, siempre me ha tratado con humanidad y benevolencia”. Pero detrás de esa negativa había algo más, según le sigue explicando Segura a Marineo, pues Juan de la Caballería, al mejorar su salud, había decidido trasladarse a la Universidad de Salamanca para continuar allí su formación. En ese caso, Segura podía recalar en el centro universitario más famoso de España y, desde luego, él no iba a desaprovechar la oportunidad (ep. XIII 11). Así, tras dejar las aulas de Lérida, Segura y Caballería se trasladaron a Salamanca, donde llegaron en octubre de 1511, el día 21 para ser más exactos; en la primera carta que Segura escribe a Marineo desde allí, se muestra contento y entusiasmado (ep. XII 13): “a mí este ímpetu, la variedad de gentes y de situaciones me gusta en parte; pero, lo que más me agrada son estas clases eruditas y tan concurridas que parecen atrapar los ánimos como si se sirvieran de tiernos halagos. Por eso espero que, si me va bien, con mi tesón voy a obtener un buen provecho”. En medio de esta euforia, Segura escribió también a Nebrija e incluso fue a visitarlo, según le comenta al propio Marineo (ep. XII 13). Tampoco se olvidó de su anterior maestro, Alfonso de Isla, al que escribió una misiva para darle cuenta de su nueva situación y para pedirle que le escribiese alguna vez (ep. XVI 5). En Salamanca, se inicia una época dorada para Segura, quien cada vez se muestra más contento con sus progresos en el ámbito del Derecho y, por supuesto, en el de las letras.

De entonces data su amistad epistolar con Juan de Vergara, que en aquel momento cursaba estudios en la Universidad de Alcalá. Una vez más, debemos a Marineo y a su amistad con Segura la conservación de esas cartas cruzadas entre los dos jóvenes. Sin duda, Segura, satisfecho de sus logros y de su capacidad de establecer una relación sólida con el prometedor Vergara, mostró esas cartas a Marineo, que decidió hacerles un hueco en la recopilación de misivas que preparaba para la imprenta. Esas once cartas están incluidas en los libros XIV y XV del epistolario (XIV 9, 10, 11, 12, 13, 14 y XV 2, 3, 4, 5 y 6) y pueden fecharse en torno a 1512; en ellas, Segura, deslumbrado por el talento de su corresponsal, trató de imitar su estilo epistolar.

Hasta ese momento, el joven discípulo de Marineo había modelado sus misivas a partir de una imitación consciente de Cicerón, aunque su prosa no fluyera con tanta elegancia como la de su modelo. Marineo le había insistido en la importancia de la imitatio del célebre orador latino y en la consiguiente exercitatio. Una y mil veces, Segura escribió sus misivas con el recuerdo consciente de la forma y el contenido de las epístolas ciceronianas. Las lecturas le habían hecho concebir un determinado tipo de relación entre amigos, entre discípulo y maestro, que reflejaba las enseñanzas incluidas en el De amicitia ciceroniano (a este respecto, no hay que olvidar que éste fue uno de los diálogos de Cicerón más exitosos en la España del momento, según ha puesto de relieve Gómez Gómez [1988, 98; 2000, 103]). Sin embargo, hay que admitir con Lynn (239) que el latín empleado por Segura resultaba un tanto farragoso (“the labored wordiness of the young aspirant”). A pesar de los elogios y alabanzas de su maestro, Segura no deja (o tal vez no logra) que su verbo fluya sin obstáculos, quizás porque quiere decir muchas cosas a la vez y su ímpetu juvenil se manifiesta en su escritura (talis homini fuit oratio....). Esa búsqueda de un estilo propio, correcto y elegante, se plasma en las cartas que dirigió a Juan de Vergara, unas cartas más extensas de lo habitual (con lo que se contravenía la máxima de la brevitas), en las que se aprecian nuevas lecturas y horizontes. Tras una breve carta de presentación (ep. XIV 9), en la que Segura expone sus ideas sobre la amistad y se declara amigo de Bernardino Tovar, hermano de Vergara, su corresponsal contestó con una elaborada misiva, compuesta como un ejercicio retórico en el que la amplificatio era la clave: a la propuesta sencilla de Segura de plantar los cimientos de su amistad, basada en el amor mutuo de las letras (“he oído que eres uno que estudia y entiende de letras con elegancia y conocimientos” [ep. XIV 9]), Vergara responde con alambicada modestia que no es digno de tanta atención y le promete que “por mi parte no habrá nada que pueda hacer vacilar esos cimientos de nuestra amistad, que tú dices haber echado, solidísimos incluso cuando se planten sobre arenilla”.

A partir de ahí, su correspondencia se convierte en un juego en el que cada uno intenta sorprender a su corresponsal, que ha de descubrir en el otro referencias, ecos e imágenes provenientes de distintas fuentes; en medio de ese juego, Segura le habla de sus estudios de Derecho, que no le dejan tiempo ni para respirar (ne puncto quidem temporis respirare concedunt), por lo que se escuda en esa “lacra” para explicar sus posibles errores (ep. XIV 11).

En todas esas cartas, Segura admite sin ambages la superioridad de su amigo, cuya erudición le asombra e incluso intenta reproducir. Frente a esa dedicación suya tan odiosa a las leyes, Vergara representa para él el ideal de joven erudito (en el momento de escribir estas cartas rondaba los 20 años) que dedica todo el tiempo a su formación intelectual, lejos de cualquier visión pragmática.

En estas circunstancias, Vergara se duele de que su amigo se tenga que emplear ad tetrica ista legum involucra (ep. XIV 12 3), cuando con su talento podría devolver a las Musas su prístino esplendor (conclamata Musarum studia in genuinum nitorem et pristinam integritatem tuae unius litteraturae beneficio et opitulamine reviviscerent).

Desde luego, estas palabras hicieron mella en Segura, quien promete en su respuesta que, pase lo que pase (incluso en el supuesto de que todos los jurisconsultos se opongan), nunca defraudará las expectativas de su admirado corresponsal (ep. XIV 13, 5): nunquam commitam ut contra officium, vel omnibus iureconsultis repugnantibus, expectationem tuam defraudem. Este tono galante y lleno de erudición caracteriza toda la correspondencia entre Segura y Vergara.

Aquí, podemos ver a un Segura más maduro intelectualmente, siempre dispuesto a amoldarse a las exigencias de su corresponsal, a quien pretende agradar y sorprender. Los vínculos creados son los propios de la amistad erudita, que gusta de compartir intereses e inquietudes intelectuales; así, la escritura de cartas se convierte en un ejercicio de práctica literaria y, por su calidad estética, en un regalo para su corresponsal. Además de las cartas, Vergara envió a Segura un breve opúsculo con una descriptio de la ciudad de Alcalá de Henares para que lo leyese y corrigiese (ep. XV 4, 2). Por supuesto, Segura se mostró encantado con el texto, que, según sus palabras, le traía el recuerdo illius temporis cum merebam sub Ferdinando Herrariensi....et priore Isla (ep. XV 5, 1). Tras elogiar la obrita de Vergara, Segura no correspondió a su amigo con otro escrito a vuelta de correo, escudándose como siempre en su dedicación a las leyes. Esta intensa correspondencia y amistad incipiente se interrumpe en la ep. XV 6, una carta de tono jocoso, verdadera broma que sólo pretende mostrar el afecto que, hemos de suponer, unió a ambos jóvenes.


3. La Oratio ad Alfonsum Aragoneum de laudibus et pontificatus et regni diligentissime eius gubernationis.

Aparte de las cartas dirigidas a Vergara, el texto más extenso que conservamos de Segura es su discurso en honor de Alfonso de Aragón, arzobispo de Zaragoza (1470-1520): la Oratio de laudibus et pontificatus et regni diligentissime eius gubernatione, que ha de ser fechada en 1509, según se indica en una de las cartas que preceden al discurso. Dicha oratio se nos presenta como un ejercicio quasi escolar compuesto, entre otras cosas, para mostrar sus conocimientos sobre los tópicos literarios propios del genus demonstrativum. Al igual que en su Vita Lucii Marinei Siculi, incluida en el epistolario de Marineo junto con la carta de envío (ep. VI 2),3 Segura compone aquí una encendida laudatio del hijo bastardo de Fernando el Católico, verdadera mano derecha del soberano en Aragón. En una de las cartas que acompañan el envío de esta oratio, fechada el 30 de abril de 1509, Segura afirma que Marineo fue el instigador del discurso; a él debemos también su conservación, pues el italiano no dudó en incluirlo junto a sus propias orationes para formar junto a sus epístolas, sus dos opúsculos eruditos (De verbo fero y De Parcis) y sus dos libros de poemas el volumen de los opera editados en Valladolid en 1514. La Oratio ad Alfonsum Aragoneum aparece después de los cuatro discursos de Marineo, algunos de los cuales ya habían sido editados previamente por el propio erudito italiano. Como nota curiosa cabe destacar que el discurso de Segura va precedido por tres cartas, dos de Segura y una de Marineo, en las que se presenta la oratio y se comentan algunos aspectos literarios de la misma. Esas misivas inducen a pensar que el discurso no fue en realidad pronunciado viva voce sino que fue concebido desde el principio como un texto escrito, apto para ser leído en público o en privado; de hecho, en la carta de Segura al propio arzobispo, el joven discípulo de Marineo se presenta al prelado, le avisa del envío del discurso y, fiel a su habitual modestia, le pide perdón por su atrevimiento (conatus).

Desde esta perspectiva, se podría hablar largo y tendido sobre la proximidad entre epístolas y orationes, sobre todo en el caso de algunas cartas y discursos compuestos para agasajar a elevados personajes, un género que Marineo cultivó en numerosas ocasiones. En su epistolario encontramos abundantes ejemplos que ponen de manifiesto el excelente manejo de los recursos retóricos por parte de este antiguo profesor de Retórica y Poesía durante doce años en la Universidad de Salamanca. Por lo demás, el tono elevado y siempre encomiástico de estas pequeñas piezas laudatorias encajaba bien en un contexto cortesano, en el que el autor de tales ejercicios pretendía medrar, según se pone de manifiesto en numerosas cartas. Antes de publicar su epistolario completo, el propio Marineo había compuesto cartas de este tenor que vieron la luz en Sevilla, ca. 1498-99: son sus Carmina et epistolae. Aquí se insertaba una epístola dirigida al Duque de Medina Sidonia, en la que se recordaban sus hazañas y las de sus antepasados.

Curiosamente, esta epístola, que en dicha edición sevillana iba acompañada de unos versos, volvió a ver la luz, aunque no con rúbrica de carta sino de oratio, en la edición de 1514. Del igual manera, este tipo de composiciones encomiásticas encuentran acomodo en las obras historiográficas del italiano, que utilizó estos breves panegíricos para completar sus semblanzas y elogios de los illustres viri españoles tanto en su De Hispaniae laudibus (Burgos, ca. 1496) como en el De rebus Hispaniae memorabilibus (Alcalá de Henares, 1530).4 De hecho, Marineo, tras su De Hispaniae laudibus, siempre soñó con publicar una obra formada únicamente por elogios, a la manera de los Claros varones de Castilla de Pulgar,5 según le señalaba al Cardenal Cisneros en una carta incluida en sus Carmina et epistolae, en la que le indica que había conocido viri...qui vel bellicis in rebus vel liberalibus disciplinis ac sanctissimis moribus et christianae religionis caerimoniis adeo clare sancteque se gerunt ut eorum fama et egregia facinora non silentio quidem, sed vatum et oratorum praeconiis potius digna videantur.

domingo, 18 de julio de 2010

1.486-1.542. Biografía de Alfonso de Segura por el historiador José Vallés.

1.486-1.542. Biografía de Alfonso de Segura por el historiador José Vallés. (B.N. “Primer instituto de la Sagrada Religión de la Cartuja. Fundaciones de los conventos de toda España, mártires de Inglaterra, y generales de toda la orden”. 1ª edición. Año 1.663. Segunda impresión. Año de 1.792)

DON JOSEPH DE VALLES, Arcediano De San Lorenzo, Canónigo de la Santa Iglesia Metropolitana de Tarragona, y capellán de Honor de su Majestad.


DEL PADRE DON ALONSO DE SEGURA

Fue el Padre Don Alonso de Segura natural de Ciudad-Rodrigo (por Villa-Rodrigo), donde nació de padres humildes, y por haberse criado en el pueblo de Segura tuvo este apellido. Entró en la religión el año 1.414 (por 1.514), recibió el hábito a 20 de Diciembre, víspera de Santo Thomé Apóstol.

Fue hombre docto en el derecho, y en letras humanas insigne, varón muy circunspecto y de grande consejo, en que tuvo Don del Espíritu Santo, muy observante de la vida Monástica y Religiosísimo, de silencio profundo, embebido todo en claridad y encendido en amor de Dios. Fue muy tentado de los demonios con estímulos de carne, apareciéndosele en forma de mugeres hermosas para provocarle; y previniéndose con la señal de la Cruz e invocando el nombre de Jesu-Christo los ahuyentaba. A todos llamaba Bendición de Dios; y el día que celebró la primera Misa, le vió un Donado en compañía de los demás Monjes que estaban en el coro con una corona muy resplandeciente en la cabeza.

Habiéndole un día rogado con caridad cierto Monje, que le acompañase para tomar un poco de recreación en el exercício del paseo por aquellas soledades, no muy lexos del Convento, estando rezando el Oficio de Difuntos, como llegaren a meus attenuabitur, dies mei breviabuntur, murió en los brazos de su compañero, habiendo dicho primero la Confesión para recibir la absolución con actos fervorosísimos de contrición, lleno de méritos y virtudes partió con grande felicidad a gozar de la Patria y gloria eterna.

viernes, 2 de abril de 2010

1.486-1.542. Biografía de Alfonso de Segura. Escritores cartujos de España.


1.486-1.542. Biografía de Alfonso de Segura. Escritores cartujos de España. (B.N. “Escritores cartujos de España” por un profesor de la Cartuja de N.S. de Aula Dei. 1.955)

SEGURA (V.P.D. ALFONSO)

Hijo de familia humilde, nació en Ciudad-Rodrigo (por Villa-Rodrigo), y gracias a los sacrificios que se impusieron sus padres pudo hacer sus estudios en Alcalá, Zaragoza, Lérida y Salamanca, cursando con gran fruto el Derecho Civil y sobresaliendo también en oratoria y literatura.

Las memorias de la Real Academia de la Historia, tomo VI, página 612, dicen que Lucio Marineo, en el discurso que dirigió al Emperador Carlos V acerca de los literatos que florecieron por aquel tiempo, cita entre otros a nuestro Segura: “Alphonsus cognomento Segura, monachus cartusianus in Scala Dei, qui cum doctos homines sui temporis ingenii viribus et eruditione superasset et in saeculo magnos honores et dignitates consequi potuisset a Deo vocatus, evitans mundi fallacias, et pericula fugiens ad Scalam Dei se contulit, ut ad coelum facilius iter consequeretur”.

Efectivamente, despreciando el brillante porvenir que le ofrecía el mundo, pidió su admisión en nuestra Orden. Esta inesperada resolución causó gran sensación en la Corte, en la que el ya célebre abogado había sido admitido, y dejó desorientados al reducido grupo de sus amigos íntimos, de los cuales era el alma.

Recibió nuestro hábito el 20 de diciembre de 1.514, en la Cartuja de Scala Dei. Fue modelo de observancia, amantísimo del silencio y la soledad; de porte austero, pero caritativo, y de gravedad no vulgar que se conciliaba la veneración de todos. Dios permitió sufriese molestísimas tentaciones, de las que siempre salió vencedor, ahuyentando algunas veces al demonio con la señal de la Cruz.

El día de su muerte ocurrió lo siguiente: Estaba rezando el Oficio de difuntos en su celda, cuando otro monje le invitó a salir a paseo. Continuaron durante el mismo el Oficio. Al principio de la séptima lección, que dice: Spiritus meus attenuabitur, dies mei breviatur “exclamó”: “Oh, buen Jesús, sed para mi Jesús en esta hora, porque me muero y sufro mucho”. Puesto de rodillas se confesó con su compañero y decía: “Señor Jesús, que muera en la celda; pero, hágase tu voluntad. Oh buen Jesús, recibe mi alma”. Diciendo esto expiró. Era el día 17 de junio de 1.542.

Escritos:

1º.- “Oratio ad Alphonsum Aragonium Ferdinandi regis filium, Caesaraugustanam, et Montis regalis arcieipisc., et Aragoniae regni Praefectum. De ejus laudibus et Pontificatus et regni diligentísima gubernatione”.

2ª.- “Coloquio entre Dios y el alma”

miércoles, 17 de febrero de 2010

1.486-1.542. Biografía de Alfonso de Segura en los Diccionarios.

1.486-1.542. Biografía de Alfonso de Segura. (B.N. Enciclopedia Espasa-Calpe, vol. 54, pág 1.509)


SEGURA (ALONSO): Biog. Cartujo español de Scala-Dei del siglo XVI, nacido en Villarrodrigo. Entre las cartas de Lucio Marineo, de quien fue discípulo en gramática, encontramos algunas suyas, una dirigida a Juan de Vergara, escrita en Salamanca cuando estudiaba el derecho; además, entre las obras del mismo Marineo, se encuentran de SEGURA: “Oratio ad Alphonsum Aragonium Fernandini regis filium, Caesaraugustae et Montis regalis Achipiscopum, et Aragoniae regni Praefectum. De Ejus Laudibus et Pontificatus et Regni Diligentísima Gubernacione” (A Alfonso de Aragón, hijo del rey Fernando, arzobispo de Zaragoza y Monreal, el más sabio gobernante de Aragón, discurso laudatorio de Alfonso Segura sobre su pontificado y su muy diligente gobernación del reino).

1.486-1.542. Biografía de Alfonso de Segura. (B.N. Biografía Eclesiástica Completa. Madrid: 1.865, Tomo XXVI, pág. 705)

SEGURA (P. ALONSO), cartujo de Scala Dei. Las memorias de la Real Academia de la Historia, tomo VI, pág. 612, dicen que Lucio Marineo, en el discurso que dirigió al emperador Carlos V acerca de los literatos que florecieron por aquel tiempo, pone entre ellos a nuestro Segura. Alphonsus, cognomento Segura, monachus cartusianus in Scala Dei, qui cum doctos homines sui temporis ingenii viribus et eruditione superasset et in saeculo magnos honores et dignitates consequi potuisset, a Deo vocatus, evitans mundi fallacias, et periculo fugiens ad Scalam Dei se contulit ut ad coelum facilius iter consequeretur. Sed in eadem domo novimus et alios religiosos vivos doctos et sanctos quórum nomina me latent. Inter quos est Joannes Rossius Abbas ejusdem domi, vir doctissimus et nobilitate genere clarissimus.