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sábado, 9 de marzo de 2013

1.811.- Provincia marítima. VI.- Cortas y conducciones de madera.



1.811.- Provincia Marítima de Segura. VI.-Cortas y conducciones de madera. (B.N. Expediente sobre el régimen y administración de los montes de Segura de la Sierra y de su Provincia y memoria sobre el propio asunto. Martín Fernández de Navarrete. Madrid. Imprenta de D. Miguel de Burgos. 1.825)

Al mismo tiempo había ordenado el Señor ministro de Marina al archivero de su ministerio Don Juan Sans y de Barutell, reconociese el archivo de su cargo, y que previo un examen detenido de los expedientes que existiesen relativos a los montes de Segura, hiciese una exposición metódica de cuanto fuese oportuno y conducente a ilustrar una materia tan importante. En desempeño de este encargo presentó Don Juan Sans la siguiente

MEMORIA
SOBRE la situación geográfica y extensión de la provincia de Segura de la Sierra, con los pueblos y ríos que comprende, y utilidad, gobierno y administración de sus montes, según resulta de documentos originales existentes en el archivo del Ministerio de Marina

CAPITULO  VI

Cortas y conducciones de madera.
116  Supuesta la alternativa por años entre el Real Negociado de Sevilla, y la Marina, para proceder a la corta el año que toca a ésta, se remite del departamento con anticipación al ministro el presupuesto que forma el ingeniero comandante de las maderas necesarias con expresión del número y dimensiones: el ministro luego que le recibe pasa una copia al delineador destinado en aquella provincia, a fin de que reconozca los montes y haga elección de los parajes que tengan arbolado capaz de rendir las piezas del presupuesto, y con arreglo a su informe se dispone la corta en los sitios elegidos, que regularmente son muchos, y comprenden bastante terreno por estar los pinos gruesos mezclados entre otros muchos menores, sirviendo a estos de beneficio la corta de aquellos.

117 Evacuada la diligencia se convoca el número de hacheros que se juzgan necesarios, y después a su tiempo se procede a la corta y labra bajo la dirección del delineador; en el supuesto de que derribado un árbol se pasa seguidamente a descortezarlo, pues de lo contrario se picaría de polilla y otros insectos con perjuicio de su madera. Esta operación de corta, descortezamiento y labra, en la época de 1.777 siendo ministro Don Juan Pichardo, se ejecutaba desde marzo en adelante; práctica que dice debe continuarse para que las siguientes operaciones no se alteren por tener que medirse con las estaciones sucesivas del tiempo; y añade, que si en dicha menguante no se hubiese hecho toda la corta, o posteriormente se pidiesen mas maderas, podrá ejecutarse en la de agosto, porque en ambas fases está como parada o sin circulación la savia de los árboles. El delineador asiste constantemente a este trabajo, tanto para delinear las piezas para que se labren conforme al presupuesto, y se saque de cada árbol la que puede rendir, como para evitar las cortas voluntarias, a cuyo fin se destinan además otros sujetos.

118 Cortados, descortezados y labrados los árboles se van entregando por los operarios al delineador con lista expresiva de sus menas, y quedan por el pronto en el monte descansando sobre dos palos que llaman gobenes, a fin de que dándoles libremente el sol y el aire echen fuera la resina, porque no purgándose de ella no se sostendrían sobre el agua; y por esta razón si llueve durante la labra es preciso suspenderla para evitar el pisarlos estando mojados, en cuyo caso para la destilación de dicha madera con daño del árbol.

119 Finalizada dicha labor, el delineador presenta las noticias del recibo de maderas por menor a los hacheros, formando a cada uno de ellos su pliego, con expresión del número de piezas que ha labrado y sus dimensiones, tijando a cada una de dichas piezas el cargo o cargos que le corresponden, y después se hace el pago a razón de lo que se tasa por cargo, poniendo los hacheros los correspondientes recibos que sirven de documentos de data, con nota a su continuación firmada del delineador.

120 Seguidamente se da principio al jorro de las maderas, que se reduce a arrastrarlas o tirarlas desde los sitios en que se labran, a donde no pueden ir las carretas, hasta los en que puedan entrar para conducirlas. El jorro o arrastre se hace regularmente con los bueyes de la carretería del Rey con algunos sirvientes mas, a quienes se paga los jornales que devengan.

121 Puestas las maderas en disposición que puedan los carreteros cargarlas en sus carretas, empieza la conducción a las márgenes del Guadalimar de las destinadas al arsenal de la Carraca, que regularmente dura desde julio hasta octubre. Para esta faena se acopian las carretas de los pueblos mas próximos a la sierra, y suelen emplearse de 750 a 800 pares de bueyes abonándose lo correspondiente por codo y cargo en legua de distancia.

122 Luego que se acaba la conducción, se miden y reciben de nuevo las maderas y se forman a los carreteros iguales pliegos que a los hacheros, con expresión de las piezas y sus menas reducidas a cargos. Fijado el número de cargos que cada uno ha conducido, se reglan los precios según costumbre atendida la distancia, y pagados los carreteros ponen sus recibos en el pliego respectivo con la nota firmada del delineador a continuación.

123 Para el mejor orden y gobierno entre los carreteros y para evitar alborotos, riñas e incendios que podrían acaecer por descuido de no apagar las lumbres, se destinan personas de toda confianza y entereza, las que deben cuidar al mismo tiempo no cesen los trabajos de la conducción; bien entendido que las operaciones concernientes a ella se dirigen por los dueños de las carreterías.

124 El gremio de carreteros es tan útil al servicio de S.M., que sin ellos no podrían enviarse pinadas a los arsenales, y por esta razón se mandó en la citada real orden  de 28 de mayo de 1.764 procurasen los intendentes de marina fomentar las carreterías conservándoles en sus privilegios. Con este fin se les concedieron los viajes francos a la Mancha y Andalucía todos los años con cargamento de maderas menores como no fuesen salgareñas, privilegio que conservan todavía y contribuye mucho a su fomento, pues les proporciona un comercio muy ventajoso con los pueblos mas inmediatos de dichas provincias a quienes surten de maderas, y con los de su mismo país vendiéndoles el vino y aceite que traen de retorno, de cuyos géneros tienen mucha escasez.



125 Permanecen las maderas orilladas en el Guadalimar hasta noviembre o diciembre, que es cuando por razón de las lluvias suelen tomar agua suficiente, y entonces se bota al río la pinada y empieza su navegación. Esta se dirige por una comisión compuesta de un comisario director, un interventor, un capellán y de 250 a 300 jornaleros que encaminan las piezas por el río hasta que se une con el Guadalquivir, y entonces teniendo ya agua bastante hacen sus balsas que continúan dirigiendo a Sevilla, en donde se hace la entrega correspondiente. Los individuos que componen la comisión son mantenidos por la real hacienda, y se les señalan con este respecto los jornales. Para su subsistencia camina un hato de cabras por la orilla del río, y de trecho en trecho se hacen en los pueblos del tránsito las convenientes provisiones de trigo, vino, cebada y demás víveres. Camina asimismo una carretería de 25 a 30 pares de bueyes, en que se llevan los útiles, parte de víveres y demás necesario al surtido de la comisión.

126 Concluida la navegación de la pinada, y hecha en Sevilla la entrega formal de sus maderas, se restituye la comisión a Segura con todos los dependientes, donde rinde el director al ministro cuenta puntual de todos los gastos que ha ocasionado.

127 La conducción por el río Segura de las maderas para el departamento de Cartagena ofrece mayores dificultades. El asentista Don Francisco Vila las experimentó muy grandes en 1.765, en que por contrato transportó a aquel arsenal todas las que sirvieron para las naves de arboladura: solo para superar las de un paso que llaman la Toba, término de la villa de Segura, gastó cuatro meses de tiempo, y después de tanta demora y crecidísimos gastos y trabajos, habiendo llegado la pinada al puesto de los Almadenes de Calasparra, que es un estrecho de tres cuartos de legua, por donde corre el río entre dos sierras bastante elevadas, no atreviéndose a introducirla en él tuvo que echarla en tierra y llevarla en carreteríos  a su destino.

128 A causa de los muchos obstáculos y dificultades de dicha navegación, las maderas que se cortaron por los años 1.777, 1.778 y 1.779 para aquel departamento, hubieron de conducirse en carruajes por la carretera que costeó la Marina, y construyeron los ingenieros Don Manuel de Bernia, Don Manuel Travesí y Don Tomás Liokg, que pasa por las Casas de Carrasco hasta la Puebla de Don Fadrique; y aunque se abrió después  el Segura desembarazándolo de muchos estorbos, y se dirigieron por él algunas pinadas, que desembarcaron antes de llegar a la ciudad de Murcia por razón de los puentes, molinos, azudes y acequias de riego que impedían su curso, se mandó cesar en las remesas por agua, prueba evidente de que no resultaron ventajas de tales conducciones.

129 El ingeniero extraordinario Don José Mor de Fuentes, con el laudable fin de precaver el daño que padece toda madera que se transporta por agua dulce y disminuir el enorme costo que tiene, propuso a la junta del departamento de Cartagena por medio de su comandante Don Tomás Briant abrir un carril de dos leguas de largo desde Hornillo hasta Toba, y conducirla de allí por el campo de Lorca y Cuevas a Águilas o Mazarrón, donde embarcándolas en urcas del Rey o buques de particulares podría llevarse a la Carraca, asegurando que solo tendría de costo cada pie cúbico (Pie dice el documento de donde se ha sacado esta noticia; pero no puede haber duda en que debe decir codo) como unos 45 reales, siendo así que transportada por el Guadalquivir sale a 100 reales por codo.

130 En cuanto a la conducción a Cartagena, decía, que si se tratase de restablecer la comisión de cortas para aquel arsenal podría servir el mismo carril, aunque realmente sería acertado abrir otro de poco mas de una legua que saliese al término de la villa de Nerpio, y que solo ascendería a 40 reales el codo puesto en Cartagena. La junta en sesión de 22 de enero de 1.794 habiendo examinado atentamente la propuesta y visto que de verificarse lograría el real erario considerables ventajas, creyó muy propio de su obligación hacerlo presente a S.M., para cuyo fin en 24 del mismo mes remitió el presidente el acuerdo a la vía reservada de Marina.

131 Enterado el Rey de la propuesta y del apoyo que merecía a la junta, resolvió, pasase el ingeniero director Don Miguel de la Puente a examinar por si mismo el proyecto, y que de resultas informase con remisión de planos lo que creyese conveniente al servicio, y mandó expedir la correspondiente orden al director general de la armada Marques de Casa-Tilly en 14 de febrero del expresado año de 1.794. El ingeniero director desempeñó la comisión con el esmero propio de un celoso servidor de S.M., y con la prontitud que le permitieron sus males; y en el informe que dio en 18 de noviembre siguiente a su regreso el departamento demostró con evidencia que aun cuando se resolviese conducir al puerto de Águilas la madera que se destinase a la Carraca para examinar si la abundancia de sámago que padece es realmente hija del contacto repetido del pino con las aguas del Guadalquivir, no convendría sin embargo abrir el carril de Hornillos y la Toba proyectado por Mor de Fuentes, sino rehabilitar el que construyeron los tres mencionados ingenieros desde las Casas de Carrasco a la Puebla de Don Fadrique, que son 8 leguas de distancia, y tomar después la ruta hasta Águilas, cuesta de Lorca, Casas de Doña Inés, Algüeces y Lorca, asegurando al mismo tiempo que el restablecimiento del camino podría costearse con 70 u 80 M reales, cuando el costo de abrir el otro sería exorbitante, y para romper la cuesta de Despierta-Caballos apenas bastarían uno y medio o dos millones. En vista de tan poderosas razones no tuvo el Rey a bien abrazar el proyecto, y así se dijo de su orden al director general de la Armada y al capitán general del departamento de Cartagena en 16 de enero de 1.795.

132 Mas feliz fue el que propuso el ingeniero en 2º Don Timoteo Roch, de transportar en gabarras o chalanas por el Guadalimar y Guadalquivir las maderas en cuya corta estaba entendiendo; aunque al principio no dejó de hallar una atinada oposición en el señor secretario del despacho de Marina Don Domingo Grandallana, fundada en la justa duda que tenía de la utilidad de dichos barcos en razón de lo sucio de los ríos y magnitud de las piezas que debían conducirse.

133 Este oficial fue nombrado por el Rey en 2 de noviembre de 1.804 para el reconocimiento de los montes de aquella provincia, de sus maderas, aplicaciones y usos en la construcción de buques y otros objetos del arsenal de la Carraca; y en 8 de enero de 1.805 con motivo de ciertas competencias con el ministro sobre que éste le entregase los monte, declaró el Rey que su comisión consistía en la parte facultativa: que estaba a su cargo el reconocimiento, señalamiento u corte de maderas; pero que no debía mezclarse en la economía o encargo de dicho ministro.

134 Sin embargo de la expresada real orden, continuó entendiendo en virtud de otra anterior de 21 de diciembre en el modo de acelerar el curso de una pinada que se hallaba detenida por algunos obstáculos que retardaban su navegación; pero como por una parte convenía mucho adelantar la corta para nueva pinada, y por otra extinguir el fuego de la discordia, que iba tomando demasiado cuerpo, se le ordenó suspendiese todo procedimiento sobre la referida conducción, y que para la de la siguiente manifestase cuanto juzgase útil.


sábado, 14 de abril de 2012

1.811.- Provincia Marítima de Segura. V.-Especies de árboles.



1.811.- Provincia Marítima de Segura. V.-Especies de árboles. (B.N. Expediente sobre el régimen y administración de los montes de Segura de la Sierra y de su Provincia y memoria sobre el propio asunto. Martín Fernández de Navarrete. Madrid. Imprenta de D. Miguel de Burgos. 1.825)



Al mismo tiempo había ordenado el Señor ministro de Marina al archivero de su ministerio Don Juan Sans y de Barutell, reconociese el archivo de su cargo, y que previo un examen detenido de los expedientes que existiesen relativos a los montes de Segura, hiciese una exposición metódica de cuanto fuese oportuno y conducente a ilustrar una materia tan importante. En desempeño de este encargo presentó Don Juan Sans la siguiente




MEMORIA



SOBRE la situación geográfica y extensión de la provincia de Segura de la Sierra, con los pueblos y ríos que comprende, y utilidad, gobierno y administración de sus montes, según resulta de documentos originales existentes en el archivo del Ministerio de Marina




CAPITULO V



Especies de árboles que se crían en la provincia de Segura, y modo de fomentarlos.

100 Los árboles que se crían en los montes de esta provincia son pinos, robles, álamos negros y blancos, sabinas, acebos, almeces, maguillos, servales silvestres, agracejos, fresnos, lamotejas, nogales y otros frutales; pero los que mas abundan son los pinos, robles y encinas.


101 Se hallan además en las malezas de aquellos montes otros muchos árboles y arbustos de menos corpulencia, pero de excelente calidad, y muy a propósito para ataraceas y remates, como son tejos, durillos, bojes, perpejones, barbarijas, madroños, espinos, avellanos, enebros y acebos.


102 La producción de las árboles mencionados no es general o semejante en todos los montes, porque los hay donde no existe un pino, y todos los árboles son encinas, en otros es rara la encina y todos son pinos, y aun se ha observado que en los parajes donde se crían pinos son casi todos de una misma especie; y así en los bosques donde los hay salgareños apenas se encuentran rodenos y carrascos, y donde se cría carrascos no se hallan rodenos, y lo mismo los donceles.


103 Cuatro, pues, son las especies de pinos que se conocen en dichos montes, a saber, salgareños o blancos, rodenos o negrales, carrascos y donceles. Estos últimos son los que dan piñones que se comen, a los cuales llaman en el departamento de Cádiz pinos de la tierra. Produce unos y otros la naturaleza con tanta abundancia, que no se necesita la siembra, plantación y trasplante que prescribe la ordenanza desde el art. 7 hasta el 14.

104 Las piñas de las tres primeras especies, esto es, de los salgareños, rodenos y carrascos, permanecen en los árboles hasta que llegado el estío se van abriendo poco a poco con el calor del sol, y desprendiéndose después los piñones caen en el suelo, y a veces a larga distancia arrojados por los vientos. Es verdad que las de los donceles se cogen y venden su fruto; pero a pesar de esto quedan siempre en ellos un número suficiente para que abriéndose asimismo en verano siga poblado el monte con nuevas pimpolladas. Es esta semilla tan propensa a fermentar y arraigar, que no es menester envolverla en le tierra; y así es, que a las primeras aguas del otoño empiezan los piñones a convertirse en arbolitos. De este modo se hace por la sola naturaleza la producción sin la mano del hombre.


105 Entre todos son los salgareños los pinos de mejor calidad, y cuyas maderas se envían a los arsenales. Se crían en lo mas áspero y tierras mas inútiles, y aun en los riscos y sobre las piedras; se hacen muy altos, pues los hay que llegan a 40 varas, y su madera es dura, vetiderecha, de larga duración, de mucha correa o cimbro, y muy a propósito para tablonage; pero la parte blanca a que se llama albura, que es la que circunda el corazón del árbol, es muy expuesta a samugo. Los rodenos o negrales se hacen también muy altos, aunque no tanto como los salgareños; son exentos de samugo y buenos para piezas enterizas o corpulentas, pues fácilmente se tuercen, y la mayor parte de ellos tienen vuelta natural de varias figuras. Los carrascos no crecen tanto, pero su madera es muy durable, bien que bronca. Los donceles o pinos de tierra no crecen a grande altura, mas engruesan mucho, y tal vez se harían muy altos si se limpiasen cuando pequeños de las muchas ramas de que abundan.


106 La limpia ó desrame no se practica en aquella provincia en ninguna clase de pinos: y en efecto, ni los salgáronos ni los rodenos ls necesitan, pues es tan próvida en ellos la naturaleza, que por sí mismos se despojan de las ramas que les impiden crecer y engrosarse; pero acaso seria muy conveniente esta operación en los carrascos y donceles cuando tienen de 6 a 8 pulgadas de grueso, reduciéndola a cortarles en las menguantes de la luna desde octubre a febrero todas las ramas del tronco, de la superficie de la tierra hasta una vara poco más o menos, según fuere la altura del pino. Así se hacen en los pinares de Andalucía y otras partes.


107 También es mucha en aquellos montes la abundancia de encinas y robles; y de éstos es mucho mayor el número de los llamados quejigos que el de los malojos o borneses. La madera de estos árboles es de mucha duración; pero fácilmente se ahuecan y envejecen, sin duda porque no se les da el fomento y cultivo que requieren, y porque los ganaderos al ramonear para sus ganados cortan las ramas sin método ni reglas, a pesar de las prohibiciones y vigilancia de los guardas.


108 La producción de robles y encinas es muy diversa de la de pinos, y se verifica de dos maneras. La primera, consiste en que sazonadas en octubre las bellotas unas caen y otros se varean o derriban para el ganado de cerda; y como esta especie de animales hoza mucho, se entierran las bellotas en las hozaduras o se envuelven en la tierra levantada, y a beneficio de las humedades del invierno y primavera nacen en esta con mucha fuerza. Consiste la segunda en los retoños o vástagos nuevos que salen de las raíces de los árboles cortados, formándose tantos, que si no se acude a entresacarlos, en pocos años se desmedran, envejecen e inutilizan.


109 Estas dos especies de árboles agradecen mucho la limpia y escarda, mas deben hacerse en ellos de muy diferente modo que en los pinos. En éstos no hay mas regla que cortar las ramas del tronco hasta cerca de la. cogollera o cima: no así en los robles o encinas en los que tiene que darse figura a sus ramas, dejar las mas convenientes, y entresacar de sus senos las perjudiciales, y aun las menos útiles. De este modo se hacen corpulentos así los troncos como las ramas, se forman piezas útiles para la construcción, sirven al crecido número que se necesita para la construcción, sirven al crecido número que se necesita para las carreterías y labores, y rinden copioso fruto para el mantenimiento del ganado de cerda. A mas de esto, de los despojos que resultan de las entresacas, podas y escardas se aprovechan fustas para carreterías y labores, leña. muy útil para fogares y carbón, y sustento para ganados cabrío y vacuno en tiempos de muchas nieves, que en aquel país son muy frecuentes en los inviernos.


110 No tiene duda que las entresacas, limpias y escardas de estos árboles, atendida la abundancia que hay de ellos, sería operación dilatada y muy costosa; pero tampoco la tiene que podría verificarse costeándola en unas partes los caudales de propios de los pueblos, dueños o usufructuarios de las dehesas en que se crían, en otras los dueños particulares de las fincas, y en otras los fondos destinados a este objeto por el artículo 25 de la ordenanza.



111 El clareo y entresacas son innecesarios en los pinares, por considerarse equivalente a ellos el consumo que de todos tamaños se hace para la corta de Marina y Negociado, nicheros y ganchos para navegación de las pinadas, amparos para carriles, construcción de carretas, narrias, palancas, mazos y otras cosas indispensables para el carreteo y arrastre: a cuyo consumo debe agregarse el que anualmente se hace para que los carreteros conductores de las maderas del Rey verifiquen los viajes que se les permite hacer a la Mancha y Andalucía; y para las obras y usos precisos de los particulares de los pueblos de aquella provincia, y aun de las poblaciones de Sierra Morena.


112 Los fresnos, álamos negros y blancos, sabinas y demás árboles mencionados en el párrafo 101 también necesitan de limpia y escarda para fomentarlos y adelantarlos, y sin este auxilio se envejecen y arruinan. De todos ellos es escaso su numero, a excepción de fresnos, de que hay una regular abundancia; y seria utilísimo hacer copiosas plantaciones, en especial de álamos, por haber muchos sitios proporcionados y con suficientes aguas; debiendo verificarse en tal caso este plantío de pie, o chupones que se producen de otras y en almácigas muy espesas.


113 En cuanto a los arbustos es infructuosa y aun impracticable la escarda y limpia, porque se crían siempre en montes y malezas impenetrables; y así es mejor dejar su producción y fomento a discreción de la naturaleza: sin embargo los avellanos, de que abundan mucho aquellos montes, merecen alguna consideración, y convendría mucho podarlos, cultivarlos, y precaverlos de los ramoneos y cortas de sus varas para extraerlas clandestinamente a otras provincias, a fin de que pudiesen servir para vicheros en la conducción de pinadas, con lo que se evitaría el crecido consumo anual de pimpollos salgareños que se cortan para aquel objeto.


114 Ni las limpias, entresacas y escardas, ni los plantíos y trasplantes, ni cuanto se ha discurrido en beneficio de los arbolados, producirán jamás los deseados efectos de la conservación y aumento de aquellos montes si no se expiden providencias enérgicas e irresistibles para que la ordenanza y resoluciones posteriores dictadas para su gobierno tengan el debido cumplimiento, y se corten de raíz los excesos y desórdenes. Para conseguir este utilísimo fin creo seria muy conducente mandar: 1º que los intendentes de marina continúen ejerciendo la jurisdicción de aquellos montes con arreglo a ordenanza, cuidado de su conservación y aumento, según las precauciones contenidas en ella y en las demás providencias tomadas por don José Gutiérrez de Rubalcava en tiempo que la tuvo a su cargo; no permitiendo que las justicias ordinarias se introduzcan por ningún caso en nada de cuanto pertenezca al cuidado y conservación de dichos montes: 2º que el arbitrio de Guadarmena se administre por el intendente de Sevilla, a quien está reunida la superintendencia del Negociado desde que falleció Don Francisco de Bruna (que fue en 1.807) con entera independencia de los pueblos, invirtiendo su rendimiento en pago de sueldos de los guardas-celadores nombrados por el mismo intendente, y en los demás fines de su concesión: 3º que por ningún caso se permita sembrar ni pastar los terrenos incendiados y talados para quitar a los dañadores toda esperanza de sacar utilidad de sus delitos: 4° que se castigue con la mayor severidad los rompimientos de las tierras de los montes: 5º que igualmente se prohíba el rompimiento de aquellas que por los que se suponen dueños de ellas se hayan dejado poblar de monte sin que primero justifiquen la propiedad, todo conforme se previno en real orden de 28 de mayo de 1.764.


115 También sería muy del caso encargar al que ejerza la jurisdicción de montes en Segura (llámese ministro o juez de montes, o como se tenga por conveniente) y a sus subdelegados procedan con mucha circunspección en las licencias para ramoneos, no permitiéndolo de modo alguno, sino cuando haya absoluta falta de pastos, o por causa de las nieves no puedan comerlos los ganados, celando con particular atención en estos casos se ejecuten en regla sin cortar las mejores ramas ni desgajarlas con notable perjuicio, y acaso ruina total de los árboles.


viernes, 22 de abril de 2011

1.811.- Provincia marítima de Segura. IV.- Gobierno y Administración




1.811.- Provincia Marítima de Segura. IV.-Gobierno y administración. (B.N. Expediente sobre el régimen y administración de los montes de Segura de la Sierra y de su Provincia y memoria sobre el propio asunto. Martín Fernández de Navarrete. Madrid. Imprenta de D. Miguel de Burgos. 1.825)

Al mismo tiempo había ordenado el Señor ministro de Marina al archivero de su ministerio Don Juan Sans y de Barutell, reconociese el archivo de su cargo, y que previo un examen detenido de los expedientes que existiesen relativos a los montes de Segura, hiciese una exposición metódica de cuanto fuese oportuno y conducente a ilustrar una materia tan importante. En desempeño de este encargo presentó Don Juan Sans la siguiente


MEMORIA




SOBRE la situación geográfica y extensión de la provincia de Segura de la Sierra, con los pueblos y ríos que comprende, y utilidad, gobierno y administración de sus montes, según resulta de documentos originales existentes en el archivo del Ministerio de Marina



CAPITULO IV



Dependencia de los mismos montes de la Marina real, su gobierno y administración.


71 Conservaron los superintendentes o directores del real Negociado de maderas de Segura en Sevilla la exclusiva jurisdicción de estos preciosos montes, hasta que enterado el Señor Don Femando VI del decadente estado de todos los del reino, y con especialidad de los inmediatos al mar por las indebidas cortas, talas y quemas que con mucha frecuencia se hacían, encargó por su real cédula de 31 de enero de 1748 el cuidado y conservación de los situados en las inmediaciones a las playas y ríos navegables en distancias que pudiese facilitarse la conducción de sus maderas, a los intendentes de Marina de Cádiz, Ferrol y Cartagena, con facultad de ejercer cada uno en sus respectivo distrito por sí o sus subdelegados la jurisdicción competente, con total inhibición de otras cualesquiera, del modo mismo que habían estado encargados anteriormente a los jueces de montes de reinos y provincias.


72 Por los artículos 73 y 74 de esta real cédula, conocida generalmente con el nombre de Ordenanzas de montes, quedaron sujetos a la jurisdicción del intendente del departamento de Cádiz todos los de la provincia de Segura, que tienen sus vertientes al Guadalimar y Guadalquivir, y al del de Cartagena los que las tienen al Segura.


73 Consiguiente a este repartimiento o división de montes en razón de la dirección de sus vertientes, se asignaron al departamento de Cádiz los de los pueblos de Orcera, arrabal de Segura, Puerta, Villa de Hornos, Bujaraiza, Siles, Villarrodrigo, Genave, Torres, Benatae, Beas, Villamanrique, Puebla del Príncipe: Ferrinchez, Albaladejo, Cazorla, Iruela, Quesada, Albanchez, Pozo Alcon, Hinojares, Villanueva del Arzobispo, Villacarrillo, Iznatorafe, Sorihuela, Chiclana, Santisteban del puerto, Castellar, Navas, Villaverde, Cotillas, Bienservida, Villapalacios, Villanueva de la Fuente, Bonillo y Munera.


74 A la jurisdicción de Cartagena se sujetaron Santiago, Nerpio, Socobos, Ferez, Letur, Yeste, Lezuza, Barrax, Balazote. Peñas de San Pedro, Aina, Riopar, Bogarra y Elche de Aina.


75 Como en los distritos de la ciudad de Alcaraz y villas de Segura y Ballestero se hallan montes o sitios de arbolados, cuyas vertientes se dirigen unas hacia los ríos Guadalimar y Guadalquivir, y otras al Segura, se han considerado siempre los primeros dependientes del departamento de Cádiz y los otros del de Cartagena.


76 Publicada la ordenanza de montes, se encargó la visita de los de Segura correspondientes al departamento de Cádiz en los términos que ella prescribe, y el establecimiento de la misma ordenanza en ellos a Don José Gutiérrez de Rubalcava, auditor general de Marina del departamento de Cádiz, y después caballero de la Orden militar de Santiago; comisión que desempeñó con el mayor acierto y laboriosidad infatigable.


77 En Iº de setiembre de 1.751 dio parte desde Segura, de quedar establecida en aquella provincia la ordenanza. Desde entonces empezaron a tener observancia en ella todas sus reglas y preceptos concernientes a plantíos, trasplantes, limpias, podas, licencias de cortas, tanto para la Marina mercante como para la reparación de casas, molinos y otras cosas de preciso consumo de maderas, repartimiento de bellota, hoja y leña producida de las podas de los montes realengos y concejiles, permisos para cortar rebollos, monte bajo y ramage para la provisión común; y generalmente cuanto en la misma ordenanza se prescribe, que dice relación con la policía y buen gobierno de los montes, su conservación y aumento.


78 No obstante se expidieron posteriormente algunas reales órdenes para el mejor régimen y administración de aquellos montes, ya alterando o modificando algún artículo de ordenanza o adición a ella, ya estableciendo reglas para su peculiar gobierno conforme fueron dictando las ocurrencias y sus particulares circunstancias. Así han seguido gobernándose aun después de la resolución de 17 de octubre de 1.785, por la que aprobó S.M. la nueva organización y método sabiamente instituido por el intendente del departamento de Cádiz Don Joaquín Gutiérrez de Rubalcava para la substanciación de causas de montes, su gobierno económico, y facultades de los ministros propietarios o interinos y auditores; pues aunque se mandó su observancia en todas las provincias de los tres departamentos, mereció la de Segura se declarase exenta de las reglas generales dispuestas para las demás.


79 Conociendo el visitador Rubalcava cuan beneficiosos para el real servicio eran aquellos montes y grandes arbolados, y cuanto por la misma razón debía atenderse a su conservación y fomento, y sobre todo precaverlos de talas y quemas, excesos a que han sido siempre muy inclinados los ganaderos y labradores del país, dispuso con arreglo al artículo 48 de la ordenanza, que las justicias nombrasen seis guarda-celadores que se ocupasen en tan precisos objetos.


80 Pero se le representó el obstáculo de no haber fondos para el pago de sus dotaciones, porque el caudal de propios de la villa de Segura estaba muy empeñado, y cargarlo a los vecinos era una contribución insoportable. Pensó entonces en crear un fondo que siendo menos gravoso sirviese a un mismo tiempo para pagar a los guardas, acudir a la extinción de los incendios y atender al beneficio de los montes, y de acuerdo con la villa y demás comuneras de su partido, se reconocieron unos terrenos baldíos y se convino en hacer doce dehesas o cuartos cerrados: y, habiéndose propuesto a S.M. se dignó aprobar por su real orden de 13 de setiembre de 1.751 este arbitrio que llamaron en adelante arbitrio de Guadarmena y Bañares, cuyo principal producto consiste en pasto y sitios oportunos para invernaderos de ganados, y rinde de 30 a 40 reales anuales.


81 El arriendo del arbitrio, el depósito de sus fondos, y el nombramiento y pago de los seis guardas mencionados, corrieron por espacio de 13 años a cargo del ayuntamiento de la villa de Segura; pero separando de este gobierno y administración por el real Orden de 28 de mayo de 1.764, se puso todo al cuidado del superintendente del real Negociado de Sevilla, en quien subsiste aun desde aquel tiempo: siendo muy notable que cuando el ayuntamiento hizo la entrega de los papeles y caudales del arbitrio la existencia era de solos 10 reales, y se debían mas de 7 a los guardas de sus sueldos, que eran de 80 ducados anuales; pero a los 13 años de la administración del Negociado, época igual a la que la tuvo el ayuntamiento, habíanse llevado siempre corrientes los sueldos que ya eran de 90 ducados, pagados los 7 reales de atrasos, y ocurrido anualmente a los gastos de apagar incendios y limpias de árboles, existían en arca mas de 120 reales.


82 Al paso que con tanto acierto establecía fondos Rubalcava para invertirlos en conservar y fomentar los arbolados, continuaba la visita con su acostumbrada eficacia, pues en 23 de octubre de 1.751 dio cuenta de haberla concluido de toda la parte de la provincia subordinada en el ramo de montes a la jurisdicción del departamento de Cádiz que se le había encargado. Según el estado que remitió con el parte al ministerio de Marina, la totalidad de los árboles que reconoció fue de 24.386.042, y el número de los que consideró útiles de 2.121.140.


83 Mientras hacía Rubalcava la visita de los montes de la provincia de Segura correspondientes al departamento de Cádiz, la practicaba Don Juan Francisco de la Torre, oficial segundo de contaduría de Marina, de todos los montes y plantíos del reyno de Murcia, y de la parte del de Granada perteneciente al de Cartagena. Con este motivo reconoció todos los de la parte de la provincia de Segura sujetos a este departamento; y por el estado que de resultas de esta visita remitió el intendente Don Francisco Barrero con oficio de 31 de marzo del propio año de 1.751, consta que el total de árboles que en dicha parte calculó la Torre existente ascendía á 434.451.279, de los cuales rebajados 53.548.435, que se dicen inútiles, deben suponerse útiles 380.902.844.


84 La segunda y última visita general que se hizo en esta provincia la ejecutó su ministro Don Juan Pichardo desde el año de 1.786 hasta el de 1.790; y según ella se encentraron existentes 264.485.053 árboles clasificados en nuevos, crecidos y viejos, los 82.147.833 en el territorio del departamento de Cádiz, y los restantes l82.337.220 en el de Cartagena.


85 Si la existencia de árboles dada en dichas visitas generales fuese exacta, o a lo menos aproximada, los montes pertenecientes al departamento de Cádiz habrían tenido en el discurso de 39 años un aumento de 57.761.791 árboles, y los correspondientes al de Cartagena la enorme baja de 252.114.059, cosa a la verdad increíble, puesto que unos y otros han sido siempre gobernados por un mismo ministro y bajo de unas mismas reglas. Lo que hay de cierto es, que el método que se usaba, para graduar la cantidad de árboles de un sitio era sumamente defectuoso y expuesta a grandísimos errores. Los sugetos de que se valían los visitadores, que sin embargo de calificárseles de inteligentes eran unos hombres sin los precisos conocimientos para formar combinaciones y calcular con exactitud, se ponían en parages elevados, y desde allí sin ver las mas veces todo el monte o sitio graduaban el número de pies existentes en él, haciendo de los millares poco menos que millones, o al contrario: y claro está que los resultados de unas operaciones tan defectuosas debieron de ser absurdísimos.



86 Radicada en los intendentes de los departamentos la jurisdicción de los montes asignados a la Marina, empezaron desde luego a ejercerla como subdelegados suyos los ministros de matrículas de las provincias marítimas cada uno en su respectivo distrito. Y como no había provincia alguna cuyos límites se extendiesen hasta los montes de Segura, se resolvió crear un ministerio de montes para su gobierno, y se señalaron los pueblos que debía comprender. El ejercicio de la jurisdicción de este ministerio recayó dignísimamente en el auditor Rubalcava, que fue el que lo estableció y señaló los límites de le provincia. No se incluyeron en su demarcación le ciudad de Alcaráz y sus aldeas, ni tampoco las villas de Santisteban, Cazorla y Villenueva del Arzobispo; pero enterado el celoso Rubalcava de lo muy apreciables que eran sus montes para los importantes objetos del servicio, propuso su agregación al nuevo ministerio de Segura en oficio de 19 de julio de 1.752; y habiéndose conformado S.M., se comunicaron las Ordenes correspondientes a Don José Bermúdez, del consejo de Castilla, encargado de la conservación y plantíos de los montes del reino, y al corregidor de Alcaráz, y desde entonces quedaron agregados dichos pueblos y todos los del partido de Alcaráz a la provincia de Segura, sin que hayan podido separarse jamás no obstante de haberlo intentado varias veces con indecible tesón.


87 Como la provincia es dilatada, y hubiera sido muy molesto a sus naturales acudir de todas partes a Segura para licencias de cortas, seguimiento de causas, denuncias y otras ocurrencias, subdividió Rubalcava con real aprobación el ministerio en cinco ramos o juzgados, estableciendo cuatro subdelegaciones subordinadas a él; a saber, una en Alcaráz, otra en la villa de Cazorla, la tercera en Villanueva del Arzobispo, y la cuarta en Santisteban del Puerto, y agregó a cada una los pueblos mas inmediatos, dejando los mas próximos a Segura al cuidado del ministerio.


88 El sucesor de Rubalcava Don Alonso Venero representó en 16 de marzo de 1.765 sería muy conveniente, para mayor comodidad de los del país, hacer alguna narración en el repartimiento de pueblos entre el ministerio y sus subdelegaciones establecido por su antecesor; y habiendo aprobado S.M, la propuesta por su real Orden de 23 de abril del mismo año, quedaron desde entonces agregados particularmente al ministerio los pueblos siguientes: Segura, Orcera, Puerta, Benatae, Siles, Villaverde, Hornos, Genave, Bujaraiza, Santiago, Yeste, Nerpio, Ferez, Puebla del Principe, Socobes, Letur, Villamanrique, Villapalacios, Bienservida, Villa-rodrigo, Torres, Beas, Cotillas, Ferrinchez, Albaladejo y su aldea Elche; a la subdelegación de Alcaráz esta ciudad y sus aldeas, Riopar, Peñas de San Pedro, Balazote, Munera, Lezuza, Bonillo, Villanueva de la Fuente, Barrax y Ballestero: a la de Villanueva esta villa, Isnatorafe, Villacarrillo, Sorihuela y Chiclana: a la de Santisteban esta villa. Navas y Castellar; y a la de Cazorla ella y sus aldeas, Iruela, Quesada, Hinojares, Pozo-Alcón y Albanchez; pero debe tenerse presente que por real cédula de 13 de marzo de 1.775 se separó de la jurisdicción de Marina un coto de una legua de circunferencia para las fábricas de latón establecidas en el término de Riopar.


89 Permaneció así esta distribución de pueblos, hasta que de resultas de la visita general de aquellos montes, practicada por el ministro Don Juan Pichardo desde 1.786 a 1.790, propuso a S.M. la separación del conocimiento de Marina los pueblos Albaladejo, Ferrinchez, Puebla del Príncipe, Villamanrique, Albanchez, Barrax, Balazote, Santisteban del Puerto, Castellar, Las Navas y Chiclana, por no ser sus terrenos a propósito para cría y fomento de árboles, como se había creído al tiempo de su incorporación; y habiendo el Rey tenido a bien acceder a esta propuesta, quedaron separados desde aquella época los referidos pueblos.


90 La jurisdicción y mando de los subdelegados se reducía al cuidado de los montes de su cargo, al despacho de las licencias a los vecinos de sus partidos, y al seguimiento de las causas de montes; reservada empero al ministro la determinación definitiva. También estaban reservadas a éste las licencias a forasteros y extraños, y para arrompidos y desmontes de tierras: ni podían proceder, los subdelegados a hacer plantíos, limpias y entresacas sin que precediese orden de aquel.


91 Limitada en estos términos se conservó la autoridad de los subdelegados desde su establecimiento, y tal fue su dependencia y sumisión al ministro, sin que se hubiese atrevido jamás alguno de ellos a propasarse de los límites prescritos, hasta que por la real Orden de 13 de abril de 1.792, expedida al tiempo de la remisión de los autos generales de la visita de montes pertenecientes a la provincia de Segura concluida en 1.790 se mandó: "que en cuanto a que el ministro de esta provincia, tenga facultades para pedir las causas formadas por el subdelegado en cualquiera estado a instancia de parte o de oficio, no venía S.M. en ello, respecto a que aunque haya vicio de parte de las justicias subdelegadas, queda siempre a la parte el derecho de apelar a la intendencia donde pueden revocarse las providencias o sentencias del subdelegado".


92 De resultas de haberse comunicado esta orden, hubo subdelegado que creyéndose revestido de una autoridad igual a la del ministro de la provincia, no se contentó con sentenciar las denuncias y causas que se seguían en su juzgado, sino que extendió sus facultades hasta conceder licencias a los forasteros para cortas de árboles, arrompidos y desmontes, hollando todos los principios de obediencia y respecto con qué se habían gobernado desde su creación; pero felizmente corto este desorden la soberana resolución de 10 de mayo de 1.796, la que al paso que ordena se ponga un asesor en cada subdelegación, previene que solo intervenga en las causas y circunstancias precisas para no aumentar gastos a las partes, excusando su concurrencia a la recepción de declaraciones, y que concluido el sumario se remita por el subdelegado al ministro para que dicte lo correspondiente a sus méritos; con lo que se restablecieron las cosas a su primitivo estado, y quedaron las facultades de los subdelegados ceñidas como era justo.


93 No se satisfizo el celo de Rubajcava con el nombramiento de guardas-celadores y establecimientos de subdelegaciones: dictó ordenes con tanto tino algunas providencias, que le proporcionaron el dulce placer de que, a pesar de las continuas pretensiones de las justicias, se mantuviesen los pueblos en la debida sujeción, y desapareciesen las talas e incendios desde el año de 1.752 hasta el de 1,762, en que estuvieron en constante observancia, y merecieron la honra de que por real orden de 28 de mayo de 1.764 se reencargase a los intendentes de marina la conservación y aumento de aquellos montes según las precauciones contenidas en la ordenanza, y en las demás providencies tomadas por Rubalcava mientras ejerció su jurisdicción; y de que en otra de 6 de junio de 1.784 expresamente se mandasen llevar a efecto las reglas que dispuso cuando estuvo a su cargo aquel ministerio.


94 Las que mas contribuyeron a conseguir el importante objeto de evitar la decadencia de aquellos montes, que la codicia aniquilaba y destruía por momentos con las excesivas cortas y continuas talas e incendios, fueron haber prohibido a los carreteros la libertad de cortar maderas a su arbitrio, y a los ganaderos y labradores pastar sus ganados y sembrar los terrenos incendiados hasta que hubiesen pasado 7 años después de haber acaecido dichos excesos.


95 Los carreteros estaban en la ilegal, y por tanto viciosa, posesión de echar abajo cuantos árboles les sugería el desordenado afán de enriquecerse con las maderas, llevándolas en sus carretas a los pueblos de la Mancha y Andalucía, donde las vendían y traficaban con ellas; pero reprimida la libertad ilimitada de cortar, y ceñidas las facultades de los subdelegados a conceder licencias únicamente a los vecinos para sus precisos usos, y de ningún modo a los carreteros, partiendo esta providencia del incostentable principio de que es muy diverso el concepto de vecinos necesitados de reparar sus casas, molinos, etc. al de carreteros negociantes, se fue remediando el desorden poco a poco, y quedaron al fin reducidos éstos a conducir las maderas a los precios que ajustasen con los vecinos de aquellos pueblos que por no producir pinos sus terrenos ocurrían a Segura a solicitar licencia para cortarlos, según previene la ordenanza.


96 Mayor incomparablemente era el daño que causaban los labradores e incendiarios, de cuyos excesos, y particularmente de los incendios eran casi siempre causantes los ganaderos y labradores, y poquísimas veces le casualidad; aquellos para hacer los terrenos pastables, y éstos para fecundizar la tierra y reducirla a cultiva; pues para ellos el quemarla era un título para sembrarla. Remedió prudentemente Rubalcava este abuso tan perjudicial al fomento de los árboles, prohibiendo sembrar y pastar en los terrenos incendiados por espacio de siete años, pasados los cuales están ya otra vez poblados o enmalezados los montes o breñales abiertos con el fuego, y los dañadores sin esperanza de sacar fruto de su criminal operación.

97 Los buenos efectos de esta sabia providencia, dirigida mas bien á precaver el delito que a castigarlo, y por tanto mas recomendable, se experimentaron patentemente en la mencionada época de 1,752 á 1.762, en que mantuvo su fuerza y su vigor; pero habiendo después habido disimulos y tolerancias volvió el desorden, se condenaron muchos hombres a presidio y arsenales, y tuvo por fin que reencargarse su observancia en 1.764 y 1.784. Y creo firmemente que la decadencia de aquellos montes que en el día se experimentan, proviene en gran parte de los incendios, que acaso no pueden evitarse por las turbulencias presentes.


98 Al mismo tiempo que el Rey y las autoridades subalternas dictaron providencias para contener o castigar desordenes, atendieron con particular cuidado a las necesidades de los pueblos y al fomento de la agricultura, combinado la utilidad de estos con el real servicio, y templando prudentemente el rigor con la equidad; de aquí la permisión de sierras de agua en parages que no perjudicasen al fomento de árboles útiles, y sirviesen para la provisión del público de a aquí las licencias para cortar el ramón a fin de mantener los ganados en tiempo que no hay otro arbitrio para hacerlo: de aquí la quema de los rastrojos desde fin de agosto en adelante con intervención de las justicias, y responsabilidad de los daños que resultaren: de aquí la reducción a cultura de los terrenos inútiles para cría de árboles, y permisión a los labradores de aprovecharse de ellos: de aquí la facultad a los subdelegados de conceder licencias de cortar árboles de pronta urgencia de aperos, carreterías y otros usos.


99 Tal ha sido el sistema que ha guardado constantemente la Marina en el gobierno y administración de los montes de la provincia de Segura; cuya importancia no se ha separado nunca de los subdelegados, que se establecieron después de la publicación de la ordenanza, por no haber tenido jamás observancia en ella la adición de 29 de mayo de 1.751, a causa del abandono y ningún celo con que han mirado siempre aquellas justicias un objeto de tanta consideración.


lunes, 7 de febrero de 2011

1.811.- Provincia marítima de Segura. III.- Utilidad de los montes.


1.811.- Provincia Marítima de Segura. III.-Utilidad de los montes de Segura. (B.N. Expediente sobre el régimen y administración de los montes de Segura de la Sierra y de su Provincia y memoria sobre el propio asunto. Martín Fernández de Navarrete. Madrid. Imprenta de D. Miguel de Burgos. 1.825)


Al mismo tiempo había ordenado el Señor ministro de Marina al archivero de su ministerio Don Juan Sans y de Barutell, reconociese el archivo de su cargo, y que previo un examen detenido de los expedientes que existiesen relativos a los montes de Segura, hiciese una exposición metódica de cuanto fuese oportuno y conducente a ilustrar una materia tan importante. En desempeño de este encargo presentó Don Juan Sans la siguiente

MEMORIA
SOBRE la situación geográfica y extensión de la provincia de Segura de la Sierra, con los pueblos y ríos que comprende, y utilidad, gobierno y administración de sus montes, según resulta de documentos originales existentes en el archivo del Ministerio de Marina

CAPITULO III

Descubrimiento de la utilidad delos montes de Segura, su dependencia del Real Negociado de Sevilla, y orígenes de este.

47 A un benemérito y celoso ministro del Rey se debió por los años de 1.733 el importante descubrimiento de la utilidad de los montes de Segura de la Sierra, que ya desde luego ahorró al Estado sumas considerables; evitó la salida del reino de crecidas cantidades, y proporcionó después un comercio ventajoso a la Real Hacienda, que sigue aún, y abundante surtimiento de ciertas clases de madera, en especial de pino blanco o salgareño, para los arsenales de Cádiz y Cartagena, que podrá igualmente continuar cuando lo permitan las ocurrencias del día.

48 .Debían prepararse en Sevilla por aquella época las maderas necesarias para el edificio que se levantaba entonces de la nueva fábrica de tabacos, y no podía echarse mano de las del país porque no se labraban en él de los tamaños que eran menester para la obra. Era pues preciso hacerlas venir de Flandes, y para esto debía verificarse una anticipación de 80 peso, sin cuya circunstancia no se atrevían los comerciantes a emprender su conducción. El superintendente del tabaco Don Sebastián Caballero (que lo fue también de los montes de Segura) no tenia suficientes caudales para la anticipación que se calculó necesaria, y en caso de poderlos encontrar, le era sumamente doloroso extraerlos de la península.

49 Hallándose en estos apuros, llegó felizmente a su noticia la especie de que en tiempos pasados se habían traído a Sevilla maderas de aquellos montes, que eran de mejor calidad que la de Flandes; y que vivían todavía algunos hombres bien que muy pocos, que habían alcanzado corriente este tráfico, cuyo exterminio atribuían unos a los excesivos derechos que le cargaron, y otros a las dificultades de la conducción. La comunicó al instante al ingeniero de la obra D. Diego Bordic, y de común acuerdo se hizo un reconocimiento de las maderas de aquellos montes que existían en algunas iglesias y casas antiguas; y el resultado fue conforme a sus deseos, pues se hallaron ser muy superiores a las extranjeras.

50 Alentados ambos, y llenos de bien fundadas esperanzas, enviaron a Segura sujetos de su confianza e inteligencia para que examinasen aquellos montes con arreglo a la instrucción que les dieron, y les informasen de la calidad de sus maderas, de la utilidad de ellas para la obra de la fábrica, posibilidad de restablecer el antiguo tráfico en Sevilla, y proporción o dificultades de conducirlas a esta capital.

51 Por el informe que les dieron los comisionados de resultas del examen y reconocimiento que practicaron, vinieron en conocimiento seguro de que la calidad de las maderas era admirable; que las había de todos tamaños; que era conveniente su conducción a Sevilla, y que venciendo algunos obstáculos podía efectuarse por el Guadalimar y Guadalquivir con facilidad y poco costo.

52 Asegurados por este informe de lo muy ventajoso que sería al Estado valerse de aquellas maderas para la fábrica mencionada, dio Caballero un circunstanciado parte a los señores secretarios de Estado y del despacho de Hacienda y Marina marques de Torrenueva y Don Josef Patiño de las diligencias que con el ingeniero habían hecho para averiguar lo cierto en orden a la bondad de la madera de los montes de Segura, y útil aplicación a la obra de la fábrica; proponiendo al mismo tiempo una corta de árboles al efecto Convencidos dichos señores secretarios de Estado por las razones de conveniencia e interés público representadas por Caballero y apoyadas por Bordic, expidieron las reales órdenes correspondientes para que se procediese al proyectado derribo y transporte por el Guadalquivir a Sevilla; órdenes que hubieron de ejecutarse con mucha celeridad y eficacia, puesto que en 1.734 llegó ya a aquella capital la primera maderada compuesta de más de 8.000 piezas de pino de todas medidas.

53 En 1.735 llegó a Sevilla la segunda maderada, y fueron continuando anualmente los derribos, a fin de que todos los inviernos se botase una al agua, como se verificó constantemente, menos los en que por escasez de lluvias faltó raudal suficiente en el Guadalimar; en cuyas cercanías se hicieron las primeras cortas, como sucedió en 1.737, en que no pudo efectuarse la navegación de la pinada; y así siguió hasta 1.764 en que se estableció la alternativa por años en las cortas y conducción para Marina y Negociado.

54 Desde 1.733, en que se resolvieron y ordenaron los derribos para la fábrica del tabaco, se encargó privativamente por reales decretos y providencias expedidas por los consejos de Castilla y Ordenes al superintendente de ella la jurisdicción de dichos montes y de los de Alcaraz, arbolados, plantíos, su conservación y aumento. Desde entonces quedaron inhibidas las justicias del conocimiento de todas las causas de quemas, talas, &c.; y lo tuvieron exclusivamente los superintendentes hasta 1.748 que se dio a los intendentes de marina de Cádiz y Cartagena, según la división que se hizo, de que se hablará después; lo que prueba que aquellos montes pedían reglas particulares por lo importante que es su conservación a la causa pública y servicio de S.M.

55 Para su mejor gobierno y administración se estableció en Segura una subdelegación de la superintendencia de Sevilla, que obtuvo muchos años Don Gregorio de la Cruz y Tirado, y era el único en aquel partido que podía ejercer jurisdicción en este ramo. Así lo declaró el Rey en 20 de septiembre de 1.746 con motivo de haber providenciado el alcalde mayor de aquella villa Don José de Posadas el cumplimiento y ejecución de un despacho del intendente de Cartagena Don Francisco Barrero a favor del asentista Don Pedro Asencio para la corta de cierta cantidad de robles y encinas; providencia que calificó el Rey de exceso, y mandó pasar el expediente al subdelegado Cruz.

56 Como la verdadera utilidad de los montes dimana y depende esencialmente de su conservación, y la libertad ilimitada y sin sujeción a reglas con que derribaban los árboles los naturales del país, y comerciaban con las maderas como si fuesen propias, abasteciendo los pueblos de Andalucía del curso del Guadalquivir hasta Córdoba, los destruía y aniquilaba; prohibió justísimamente Don Sebastián Caballero, luego que estuvo radicada en él la jurisdicción de aquellos montes, este tráfico tan contrario a la causa pública e interés general.

57 Pero teniendo al mismo tiempo una prudente consideración con dichos pueblos, para que no les faltase la madera necesaria para sus usos dispuso, desde que bajó la primera pinada, que en varias partes de les reinos de Jaén y Córdoba se dejasen porciones de ella, y se vendiesen a cuenta de la Real Hacienda por los administradores del tabaco, a quienes encargó esta negociación. Mas adelante se estableció con el mismo benéfico objeto una factoría en la ciudad de Córdoba, y otra posteriormente.

58 Sin embargo de la mucha madera que dejó la pinada en su navegación, fue tan considerable la cantidad que llegó a Sevilla, que no se encontraron al pronto almacenes para su custodia y resguardo. Y convencido Caballero, tanto por su abundancia y necesidad de dejarla a la inclemencia, como por el mucho valor que allí tenía con respecto a su costo, de que seria provechoso al Estado y grato a los naturales de aquel reino venderla en la capital para surtimiento de los pueblos, así lo ordenó y puso en práctica, e hizo construir al intento un grande almacén extramuros de la ciudad. Continuó este tráfico o comercio aun después que cesaron las obras de la fábrica, y sigue todavía con el nombre que se le puso al principio de Real Negociado o Negociación de maderas de Sevilla.

59 Estuvo esta dependencia desde su establecimiento a cargo de la vía reservada de Hacienda hasta el año de 1.751, que tuvo por conveniente el señor marques de la Ensenada agregarla a la de Marina con motivo de haberse puesto a su cuidado los montes de su demarcación, y la observancia de las ordenanzas de este ramo; pero viendo el señor Don Julián de Arriaga, secretario del despacho de Marina, que el envío de maderas a Sevilla y el camino de Santander a Reinosa no tenían conexión alguna con su ministerio, propuso en 28 de abril de 1.755 al señor conde de Valdeparaiso, que lo era de Hacienda, se declarasen ambos asuntos peculiares de esta vía; y habiéndose conformado el conde, según manifestó en oficio de 5 de mayo siguiente, quedó desde entonces separada de Marina, y volvió a su natural y primitivo ministerio.

60 No solo (como se ha dicho antes) se utilizó el Estado de los montes de Segura para el suntuoso edificio de la fábrica del tabaco y Negociación de Sevilla, sino también para la marina real. El primero que conoció la utilidad de aquellas maderas para los arsenales del Rey, y la facilidad de su conducción por el Guadalquivir, fue el arquitecto y maestro de obras Don Vicente de Acero, que con motivo de tener a su cargo la de la fábrica asistió a la primera corta que se hizo, y a su regreso (que fue a fines de 1.734) lo puso en noticia del intendente de marina de Cádiz Don Francisco de Varas y Valdés.

61 Deseoso este buen servidor del Rey de averiguar con toda certeza la verdad en asunto de tanto interés para la monarquía ordenó pasase a principio de diciembre de 1.734 a reconocer aquellos montes el carpintero de construcción Francisco Gener; y habiéndolo examinado a su vuelta (que fue a fines de enero del siguiente año de 1.735) el constructor Don Ciprian Autran sobre la calidad, clase y abundancia de los árboles, y demás objetos de su comisión, propuso al intendente Varas se hiciese otro reconocimiento mas fundamental, porque siendo cierto lo que decía Gener, seria haber hallado un tesoro: de todo lo cual dio el intendente parte a S.M. por conducto del Señor Don José Patino.

62 Pero este reconocimiento propuesto por Autran no se efectuó hasta 1.738 con motivo de haberlo también pedido el intendente de Cartagena Don Alejo Gutiérrez de Rubalcava en 5 de febrero de aquel año de resultas de habérsele mandado en 25 de enero anterior informar sobre la facilidad o inconvenientes de conducir por el río Segura las maderas de aquella Sierra.

63 Encargó esta visita el Señor Infante Almirante en 15 del citado febrero al capitán de fragata Don Juan Valdés, y al maestro Francisco Gener, con prevención de que saliesen ambos de Cádiz el Iº de abril. Mandó igualmente salir de Cartagena el propio día al maestro de arboladura de aquel departamento acompañado del sujeto práctico, y que unos y otros examinasen todo el curso del Segura, la calidad de las maderas, su utilidad para arboladura de bajeles, y si podrían conducirse o navegar en jangadas por el expresado río.

64 Valdés evacuó su comisión con una eficacia digna de elogio, pues en 26 del mismo abril dio parte de haber ejecutado ya el reconocimiento de los montes, informando que había encontrado un pino de 18 pulgadas (a lo que yo entiendo de diámetro) y de 40 codos de largo, que de 6 hasta 9 pulgadas y de 38 a 42 codos había abundancia, y que de 6 pulgadas hasta el menor grueso era innumerable la porción que había visto: que el color de los mas de ellos era blanco, el de algunos de coral, y ninguno acitronado: que serian buenos para arboladura si los hubiesen cuidado, pero que podían aplicarse para mesanas, palos de paquebotes, vergas, vigas, tablones, cuartones y tablazón, de cuyos géneros había provisión para muchos años: que beneficiándolos, como había prevenido por escrito al alcalde de Segura, podrían servir los mas gruesos para palos de navíos grandes en el término de 20 años; pero que para esto era indispensable obligar a las justicias a cortar las ramas, sangrar los árboles y hacer plantíos; y que tanto los blancos como los de color de coral eran de buena calidad, correosos y nada vidriosos.

65 En cuanto al transporte de maderas por el río, dijo que había visto su nacimiento, y que no tenia bastante agua para esta operación; pero que a corta distancia se le agregaban otros, por cuya concurrencia adquiría raudal suficiente que en las tres leguas que tenia reconocidas no se encontraba recodo alguno que impidiese bajar los palos, y que no habiendo mas abajo algunos inconvenientes mayores, podía hacerse navegable a costa de algún caudal: que era menester abrir carriles para llevar las maderas al Segura; pero que era muy fácil trasladarlas al Guadalimar y Guadalquivir mejorando los caminos, y que reconocería el Segura hasta su desembocadura al mar.

66 De resultas de este informe se mandó a Valdés en 9 de mayo de orden del señor Infante Almirante venir a la Corte, y en 2 de junio al gobernador y justicia mayor de Segura D. Leonardo Ventura de León que de acuerdo con él propusiese el modo y forma de sangrar los pinos, podarlos y transportarlos, y señalar los parajes donde para su abasto y aprovechamiento podrían cortar aquellos naturales de los que no fuesen útiles para los bajeles; encargándosele al mismo tiempo el plantío y conservación de los montes. León acusó el recibo de esta orden en 13 de setiembre, la comunicó por vereda a las justicias de su partido, y dio parte de las providencias que en virtud de ella había tomado.

67 No perdiendo jamás de vista el intendente de Cartagena Rubalcava las grandes ventajas que resultarían al real erario de servirse en aquel arsenal de estas maderas, transportándolas por las aguas de Segura hasta la mayor posible inmediación al departamento, hizo levantar un plano de este río por el contramaestre de construcción Luis Detté, que remitió en 24 de mayo de 1.741, con una relación del mismo en que manifestaba que desde la entrada del río Tus se podrían sacar de 6 a 7 carretadas de tablazón, por estar los montes en aquel paraje a las orillas del Segura; y ponderaba tanto la abundancia de pinos, hasta decir que en ninguna parte los producía el terreno con mas fecundidad; pero se quejaba agriamente, como lo había ya hecho Valdés, de las continuas quemas y talas causadas por los del país para siembras y pastos de ganados, que los destruían y aniquilaban. Rubalcava decía en su carta misiva, que respecto a que la tabla ordinaria podría sacarse de allí con ventaja en el costo a la del Norte, convendría conservar aquellos montes, y pasar al efecto oficio al presidente del consejo de Ordenes para que dirigiese las correspondientes al gobernador de la villa de Segura, a fin de que celase en esta parte todo lo conveniente al servicio de S.M. y ejecutase las Ordenes de S.A, el señor Infante, porque a pesar de habérsele mandado ya, y también á las justicias de su gobernación ninguno había dado cumplimiento presumiendo intrusa la jurisdicción de Marina.

68 Sin embargo de los reconocimientos que se practicaron por parte de la Marina, y providencias que se dieron concernientes a la conservación y fomento de aquel arbolado, no se ejecutó por ella corta alguna mientras residió privativamente su jurisdicción en la superintendencia de Negociado, sino la que se hizo de robles y encinas en 1.746, en virtud de despacho expedido por el intendente de Cartagena a favor del asentista Don Pedro Asencio, de que se ha hecho mención.

69 Antes del citado año cuando en la Carraca, que fue el único arsenal que al principio se sirvió de aquellas maderas, se necesitaba algunas partidas de ellas, se hacia el pedido correspondiente a Sevilla; si las había en los almacenes del Negociado las enviaba el superintendente, como lo ejecutó en los años de 1.736, 1.742 y 1.744; pero si no las había de los tamaños que se pedían daba providencia para que se cortasen en los montes de Segura, y así lo hizo en 1.745. Estas maderas mandó el Rey por su orden de 27 de setiembre de 1.746 se pagasen por la Marina al Negociado según costo y costas.

70 Como la corta y negociación de maderas no se hallaban establecidas sobre reglas de buena administración, formó una instrucción para su gobierno sucesivo Don Francisco Gómez de Barreda, y otra Don Rodrigo de las Cuentas, que se pasaron el intendente Rubalcava para que informase lo que se le ofreciese y pareciese; la de Cuentas se le remitió en 2 de febrero de 1.745. y la de Barreda en el 16 de marzo del mismo año. Rubalcava dio su dictamen en 10 del siguiente agosto, proponiendo varias providencias para mayor utilidad de la. negociación y beneficio de los montes. En el a archivo del Ministerio de Marina no consta la resolución que se tomó, porque el expediente a que pertenece este dictamen pasó a la secretaría de Hacienda con los demás papeles concernientes al Negociado.

jueves, 25 de noviembre de 2010

1.803.- Provincia Marítima de Segura. II.- Ríos y arroyos.


1.803.- Provincia Marítima de Segura. II.- Ríos y arroyos. (B.N.E. Expediente sobre el régimen y administración de los montes de Segura de la Sierra y de su Provincia y memoria sobre el propio asunto. Martín Fernández de Navarrete. Madrid. Imprenta de D. Miguel de Burgos. 1.825)

Al mismo tiempo había ordenado el Señor ministro de Marina al archivero de su ministerio Don Juan Sans y de Barutell, reconociese el archivo de su cargo, y que previo un examen detenido de los expedientes que existiesen relativos a los montes de Segura, hiciese una exposición metódica de cuanto fuese oportuno y conducente a ilustrar una materia tan importante. En desempeño de este encargo presentó Don Juan Sans la siguiente


MEMORIA

SOBRE la situación geográfica y extensión de la provincia de Segura de la Sierra, con los pueblos y ríos que comprende, y utilidad, gobierno y administración de sus montes, según resulta de documentos originales existentes en el archivo del Ministerio de Marina


CAPITULO II

Ríos y arroyos permanentes en todos tiempos


37 Conocidas la situación, extensión y población de la provincia, situada la capital Segura en su longitud y latitud, y colocados los pueblos subalternos por sus demoras y distancias a ella, no será fuera de propósito dar una ligera idea de sus rios y arroyos permanentes o riachuelos.

38 Para mayor inteligencia llamaremos ríos de Iª clase aquellos que conservan su nombre hasta el desembocadero en el mar: los de 2ª clase serán los que siendo de alguna consideración por la abundancia de sus aguas pierden el nombre al entrar en los de Iª clase.

39 Pertenecen á la lª el Guadiana, el Guadalquivir y el Segura. El Guadiana nace en un sitio nombrado Mojonera del Pozo, término de la villa de Este: corre por el N. de la provincia, atraviesa el reino de Extremadura y parte del de Portugal, separa éste del de Sevilla, y entra al mar en Ayamonte.

40 El Guadalquivir tiene su nacimiento en el distrito de la villa de Cazorla en un paraje que llaman Puente de la Herrerías: se dirige hacia Córdoba y Sevilla, y desemboca en el Océano en Sanlucar.

41 El Segura ( al que con justicia se da el epíteto de benéfico por el mucho bien que hace fecundizando con sus aguas llanuras dilatadas, y en especial las famosas huertas de las ciudades de Murcia y Orihuela) tiene su origen en la fuente de Segura al pie del pinar del Risco, término de la villa de su nombre, y entra en el Mediterráneo en Guardamar.

42 A la 2ª clase corresponde el Guadalimar, el Mundo y el Tus; aquel nace en el sitio cuyo nombre es Padrón y Fuente del Tejo, en territorio de la ciudad de Alcaráz: sus aguas entran en el Guadalquivir a 13 millas al O. de Baeza, habiéndose juntado antes con las del Guadalen: el Tus principia en la Puente del Tejo, y el Mundo en la Cañada de los Mojones, y ambos desaguan en el Segura, el lº en un sitio llamado Jartis, y el 2º cerca de Calasparra.

43 A mas de los ríos expresados hay en el distrito de la provincia 71 riachuelos o arroyos de agua permanente en todos tiempos, sin contarse en ellos los nombrados Guadalentin, Guadalentinejo, Rio-Castril, Cortes, Zujar, Guadix, Baza y Quesada que van al Guadiana. De los 71 los 39 se incorporan con el Guadalimar, 16 con el Guadalquivir, y los restantes con el Segura, con cuyos raudales se aumentan las aguas de estos ríos hasta poder flotar y navegar en ellos en los meses de noviembre o diciembre las pinadas o maderadas para los arsenales de S.M, y Real Negociado de Sevilla.

44 Los que se dirigen al Guadalimar son los llamados Arroyo de la Puerta, Arroyo de Villotar, Arroyo Carrascosa, Rio Cotillas, Arroyo Frio, Fuente de los Estajaderos, Arroyo de la Cañada del Señor, Arroyo Tasca, Arroyo Castro-Bayona, Río de los Molinos, Arroyo Peñasleita, Arroyo de la Hueta, Rio-Onsares, Arroyo Benatae, Arroyo de la Cañada del Olivar, Arroyo de los Barrancos, Arroyo de los Yeguarrizos, Arroyo Peñolite, Arroyo Paules, Arroyo Losanco, Rio Guadarmena con las aguas del Arroyo Ojuelo, Fuente del Lagar, Canalita, Río del Salobre, Río Cortes, Río Bienservida, Fuente del Fresno, Fuente del Pozo Nuevo, Fuente del Sotico, y Fuente de la Vidamas, que se le juntan antes; Río Beas y Río Orcera, que entra unido con el Trujala, Arroyo Zerezos, Río Ornos, Arroyo Catena, Arroyo Valdemarin, y Arroyo Fuente de las Carboneras.

45 Al Guadalquivir corren las aguas del Arroyo Linarejos, Arroyo Valdetelares, Arroyo Pretegal, Arroyo Caleron, Arroyo de la torre del Vinagre, Río Borola, Arroyo de las Carboneras, Arroyo de los Membrillos, Arroyo Guarrozin, Arroyo Aguas Blanquillas, Río Agua Mula, Arroyo Miguel Barba, Arroyo Colmenar, Arroyo Montoro, Arroyo Padilla y Rio-Ornos.

46 En el Segura desaguan Arroyo Azul, Arroyo Masegoso, Arroyo Cueva del Agua, Arroyo de la Hortizuela, Río Madera, Fuente de la Tova, Arroyo de la Garganta, Arroyo de la Carrasquilla, Arrollo de las Gorgollitas, Arroyo Bañares, Arroyo Miller, Río Zumeta, Arroyo de la Espinca, Arroyo de la Cantarilla, Arroyo Madera y Arroyo Tinjarra.

viernes, 20 de agosto de 2010

1.803.- Provincia marítima de Segura. Situación y pueblos.

1.803-6-24.- Provincia Marítima de Segura. I.- Situación y pueblos. (B.N. Expediente sobre el régimen y administración de los montes de Segura de la Sierra y de su Provincia y memoria sobre el propio asunto. Martín Fernández de Navarrete. Madrid. Imprenta de D. Miguel de Burgos. 1.825)

ADVERTENCIA

Este Expediente fue impreso en 1.811 por disposición del gobierno intruso; pero contiene noticias tan importantes sobre la situación y extensión de los montes de la provincia de Segura de la Sierra, así como en cuanto a la utilidad y aprovechamiento de sus maderas para la construcción naval, y acerca de su régimen gubernativo y económico, que se ha mandado reimprimir por órdenes superiores para circularlo a las autoridades que conviene tengan estos conocimientos para arreglo de su proceder en utilidad del servicio de S.M.

Al mismo tiempo había ordenado el Señor ministro de Marina al archivero de su ministerio Don Juan Sans y de Barutell, reconociese el archivo de su cargo, y que previo un examen detenido de los expedientes que existiesen relativos a los montes de Segura, hiciese una exposición metódica de cuanto fuese oportuno y conducente a ilustrar una materia tan importante. En desempeño de este encargo presentó Don Juan Sans la siguiente

MEMORIA

SOBRE la situación geográfica y extensión de la provincia de Segura de la Sierra, con los pueblos y ríos que comprende, y utilidad, gobierno y administración de sus montes, según resulta de documentos originales existentes en el archivo del Ministerio de Marina

CAPITULO I

Situación geográfica de la provincia con los pueblos que comprende

1 Es la provincia de Segura de la Sierra una de las más útiles que contiene el reino en la comprensión de sus departamentos de Marina, así por la abundancia de sus maderas especialmente de pino blanco ó salgareño, de calidad muy superior al de Flandes, como por la proporción que tiene para establecimientos de fábricas de betunes y siembras de cáñamos.

2 Su extensión NS. es de 32 leguas marítimas o de 20 al grado. Confina al septentrión con la Mancha, al mediodía con los reinos de Jaén y Granada, al oriente con el de Murcia, y al occidente con Jaén y Castilla la Nueva. Algunos de sus pueblos pertenecen á esta Castilla, otros al reino de Murcia, y otros al de Jaén.

3 La villa de Segura donde reside el alcalde mayor es como la capital de la provincia: está situada en una eminencia a 38º 18’ de latitud y 3º 25’ de longitud oriental de Cádiz. Cuenta dentro de su ruinosa muralla 160 vecinos tan solamente; pero con las cortijadas de su término, de las cuales pueden algunas considerarse como buenas aldeas, pues tienen de 40 á 70 vecinos, asciende la totalidad de éstos a 750. Su territorio, como igualmente el de los demás pueblos que se hallan dentro de la demarcación de su partido, y son Orcera, Puerta y su aldea, Génave, Torres, Villa-Rodrigo. Siles, Santiago, Hornos, Yeste, Nerpio y Benatae pertenecían a la extinguida orden de Santiago, y por consiguiente dependían del suprimido consejo de Ordenes. Comprende su término 78 montes o sitios de arbolados poblados de pinos salgareños, rodenos, carrascos y donceles; de robles, encinas, fresnos, álamos blancos y negros, y de nogales y sabinas. A esta villa, como punto próximamente céntrico y principal de la provincia, harán referencia todas las distancias y arrumbamientos o direcciones de los demás pueblos de su extensión, que se situaran en adelante, y son los siguientes, según la descripción de esta provincia hecha por el comisario de Marina Don Josef Rodríguez Camargo en 24 de junio de 1.803, y remitida al príncipe de la Paz con una carta topográfica y memoria de sus particularidades, que pasó éste Señor a la secretaría de estado y del despacho de Marina en Iº de julio siguiente; en la que se omiten los once pueblos que se separaron del conocimiento de la Marina, de resultas de la visita general practicada desde 1.786 a 1.790.

4 Al N.l/4 NE. a media legua de distancia al pie de la cuesta del Segura está el lugar de Orcera, que por ser arrabal de esta villa carece de términos, y solo tiene una dehesa, cuyos árboles son la mayor parte encinas, nombrada de Tamariz, que pertenece a sus propios: su población es de 300 vecinos, y ha residido casi siempre en él desde su establecimiento el tribunal de montes de Marina por la suavidad de su clima, é inmediación al río Guadalimar.

5 A poco más de quatro millas al N. 5º E. se halla el lugar Puerta sobre el Guadalimar: su población es de unos 80 vecinos, tiene 4 pequeñas dehesas pertenecientes a sus propios, y un monte llamado Cotos y ribera del lugar Puerta. La mayor parte de su arbolado consiste en pinos carrascos.

6 La villa de Hornos está situada al SSO. a corta diferencia a 2 leguas de distancia: tiene de 80 a 100 vecinos y 3 montes.

7 A poco menos de una legua al N.E. 1/4 N. la villa de Benatae de 120 vecinos. Sus montes consisten en dos dehesas pertenecientes al caudal de propios.

8 Al SO. algo S. 4 leguas de distancia sobre el río Guadalquivir la villa de Bujaraiza, cuya población es de 30 a 40 vecinos. Ella y su término pertenecen a la santa iglesia de Toledo, y es el único de todos los pueblos del partido de Segura que no era de la orden de Santiago. Los árboles de sus montes son casi todos robles y encinas.

9 Al E. algunos grados N. distante poco menos de 7 millas la villa de Siles. Tiene 300 vecinos y 12 montes, de los cuales dos dehesas son de sus propios y tres de particulares .

10 Como al ONO. cerca de 4 leguas la villa de Beas. Es su población de 800 a 900 vecinos, y tiene 13 montes de pinos rodenos, robles y encinas.

11 Al NE. distancia de 4 leguas Villa-Rodrigo, que tiene sobre 80 vecinos y 4 montes, cuyo arbolado consiste en pinos rodenos, robles y encinas.

12 A 7 millas NE. 1/4 N. la villa de Torres, cuya población es de 60 vecinos y tiene 7 montes.

13 A 6 leguas al S. la villa de Santiago u Hornillo, pueblo de 500 vecinos y 4 montes de pinos salgareños y encinas.

14 Sobre el río Mundo a poco menos de 11 leguas de distancia al E.1/4 SE. la villa de Ayna, y su aldea Elche al SO. de ella distante 2 leguas. Su población asciende a 700 vecinos, y los montes de su término son 9, la mayor parte pinos carrascos y donceles.

15 Al O. 1/4 NO. distantes de 7,5 a 8 leguas están situadas Villacarrillo, Villanueva del Arzobispo y Torafe, y al N. 4 millas de esta última la villa Sorihuela. Estas poblaciones, especialmente las tres primeras están muy inmediatas, y cada una es de 700 a 800 vecinos. Los 9 montes que hay en su territorio, cuyos árboles son casi todos robles y encinas, son comunes, y pertenecen á sus respectivos caudales de propios.

16 Al S, 5° E. a cerca de 10 leguas de distancia la villa de Nerpio. Su población es de 300 vecinos, y tiene 13 montes, la mayor parte de pinos salgareños.

17 Al SE. distante 7 leguas la villa de Yeste de 400 a 500 vecinos. Tiene 5 montes, y los más de sus arbolados son pinos carrascos y rodenos.

18 Al mismo arrumbamiento que Yeste a poco más de 13 leguas la villa de Socobos, pueblo de 400 vecinos con 7 montes de pinos casi todos carrascos.

19 Al SE. distante 12 leguas la villa de Ferez de 400 vecinos. Sus montes son 2 poblados casi todos de pinos carrascos.

20 Casi al propio arrumbamiento que Ferez a poco más de 11 leguas está Letur, villa de 400 vecinos, en cuyo término se hallan 11 montes de pinos carrascos la mayor parte.

21 Cazorla, Iruela y sus aldeas se hallan próximamente al SO. a más de 8 leguas y media. Tienen 1.000 vecinos y 10 montes poblados por lo común de pinos salgareños y encinas.

22 Al S. de las villas mencionadas en los dos párrafos anteriores, e inmediata a ellas se halla la de Pozo-Alcon, que dista cerca de 10 leguas de Segura al S0. un poco S. Su población es de 250 a 300 vecinos, y tiene 3 montes de pinos carrascos y encinas.

23 A 10 leguas al O. la villa de Hinojares de 200 vecinos; tiene 3 montes, cuyos árboles son por lo general pinos carrascos.

24 Como al NE. 1/4 N. a 3 leguas de distancia la villa de Genave que tiene 200 vecinos. La mayor parte de los árboles de sus mondes son encinas.

25 A 8 leguas al NE. está situada la ciudad de Alcaraz; cuya población, comprendida la de sus 12 aldeas, llega á 2000 vecinos. Tiene 114 montes o sitios de arbolados de pinos salgareños y encinas. Las 12 aldeas son Reolid, Salobre, Povedilla, Solanilla, Robredo, Mansegoso, Cilleruelo, Viveros, Cepillo, Cañaleja, Paterna y Vianos.

26 Al mismo rumbo NE. cerca de 15 leguas de distancia la villa nombrada Peñas de San Pedro de 600 vecinos. Los sitios de su arbolado ascienden a 33, la mayor parte de encinas.

27 Como al E.1/4 NE. a 4 leguas la villa de Villaverde. Su población es de 200 vecinos, y tiene 10 montes de pinos, rodenos los más.

28 Próximamente al NE.1/4 N. a 4,5 leguas la villa de Bienservida . Sus vecinos llegan a 300, y los montes a 9 de pinos carrascos y encinas.

29 Al E. un poco N. a 3 leguas y 2 millas la villa de Cotillas, cuya población será como de 200 vecinos: tiene 5 montes, la mayor parte de pinos carrascos.

30 Al NE. a distancia de 5 leguas Villapalacios, población de 300 vecinos: tiene 7 montes, cuyos árboles son los más robles y encinas.

31 Al NE.1/4 N. a 7,5 leguas Villanueva de la Fuente. Su población es como de 500 vecinos, y tiene 12 montes o sitios, los 4 de ellos poblados de encinas, y los restantes son de pasto y labor.

32 Al mismo rumbo del NE.1/4 N. distante 11 leguas la villa de Ballesteros de 700 vecinos. Tiene 9 sitios de árboles, la mayor parte encinas y sabinas.

33 Al propio arrumbamiento que la villa de Ballestero (de que se ha hablado en el párrafo anterior) está la de Bonillo a 1 legua de ella, y por consiguiente a 12 de Segura. Su población es también como la de Ballestero de 700 vecinos: tiene 22 montes poblados la mayor parte de encinas y sabinas.

34 Al NE. a 12,5 leguas la villa de Lezuza, cuya población se regula á 800 vecinos: tiene 25 montes de encinas.

35 Al E. un poco N. 10 leguas distante la villa de Bogarra : tiene 300 vecinos, y 7 montes de pinos carrascos y rodenos.

36 Por último al E. 6 leguas distante está situada la villa de Riopar, población de 200 vecinos, inclusos los de las fábricas de latón y zinch establecidas en su inmediación sobre el río Mundo: tiene 4 montes, cuyo arbolados son la mayor parte robles.