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miércoles, 17 de junio de 2026

1.498.- Visita a Segura de la Sierra de la Orden de Santiago.



1498-09-26 -Visita a los Partidos de Sierra de Segura y Murcia. Visita a Segura. (AHN. Guía de las OO.MM. Mss. Santiago. Sign. 1069 C pág. 109-145. Archivo General de la Región de Murcia).

  

Visitación de la villa de Segura


/109/

En veinte y seis días de septiembre de noventa y ocho años, (26-09-1498), los dichos Rodrigo Dávalos, comendador de Montealegre y Pedro de Morales, cura de Valdiacete, visitadores susodichos, fueron a la villa de Segura /110/  y luego se juntaron Pedro López de Solano, alcalde y Ruy Sánchez del Arroyo y Ruy Sánchez Ballestero y Antón García Petrel, regidores y Bartolomé Sánchez Delgado, alguacil, a los cuales los dichos visitadores mostraron y leer hicieron los poderes de sus altezas y por ellos fueron obedecidos con aquella reverencia que debían y en cuanto al cumplimiento dijeron que estaban prestos de cumplirlo en todo y por todo según que en ellos se contiene; testigos Alonso Gil y Pedro López de Solano y Ruy Sánchez el viejo, vecinos de la dicha villa.

Y luego les fue requerido a los dichos alcaldes y regidores que den la copia de los vecinos que hay en la dicha villa y asimismo de los cuantiosos de ella según que la ley capitular lo dispone y sus altezas mandan por el dicho poder, mañana en todo el día, so las penas en la dicha carta contenidas, testigos los susodichos.

Este dicho día fue pregonado en la plaza de la dicha villa, si había algunas personas que tengan queja del comendador o de sus alcaides o de sus mayordomos o mamposteros que lo vengan denunciando ante los dichos visitadores y que les harían cumplimiento de justicia.

Así mismo fue pregonado si había alguna persona que tuviese heredades que haga censo a la Orden que venga mostrando los títulos que de las dichas heredades tienen, dentro del tercer día y pasado el dicho término, no los mostrando, que adjudicarían a la Orden las dichas heredades, testigos los susodichos.



Visitación de la iglesia

En veinte y siete días del dicho mes y año susodichos, los dichos visitadores fueron a visitar la iglesia de la dicha villa que es de la vocación de Nuestra Señora la Virgen María; la cual es de tres naves sobre pilares y arcos de ladrillo, cubierta de madera de pino antigua y las naves de los lados cubiertas de madera de pino nueva y tiene un altar /111/ mayor bien ataviado con sus gradas al pie de él y junto con él está un sagrario de yeso y al cabo de la iglesia una tribuna y de frente de la puerta principal de la iglesia está una capilla pequeña de San Bartolomé con una red de madera delante y tiene un altar bien ataviado y un retablo mediano de pincel.

Y luego el dicho cura de Valdiacete se vistió una sobrepelliz y una estola y visitó el Santo Sacramento, con aquella reverencia que debía, el cual halló en el dicho sagrario dentro de un cofre dorado y encima de dicho cofre un paño de lienzo bordado de oro y encima una cruz de piedras japalinas y dentro del dicho cofre estaba un portacruz pequeño con sus barretas de hierro y dentro unos corporales y una hijuela y en ella el Santo Sacramento muy honesta y decentemente; fue preguntado Juan García Román, vicario de la dicha iglesia, cuánto había que lo había renovado, el cual dijo que de ocho a ocho días tenía por costumbre de renovarlo y que había hasta cuatro días que lo había renovado.

En el dicho altar estaba un ara con unos corporales encima y dos palias y luego visitó el oleo de la crisma y olio “ynfermorun”, el cual estaba en unas ampollas de estaño metido en una alhacena en la pared frontero de la puerta principal de la dicha iglesia, con sus puertas nuevas y su llave a buen recaudo.

Y luego visitó la pila del bautismos, la cual está frontera de la dicha puerta de la dicha iglesia, en una capilla con sus puertas de madera y una cortina de lienzo colgada encima, limpiamente; en la cual había agua bendecida para bautizar y el dicho cura la mandó luego consumir y mandó al dicho vicario que cada vez que hayan de bautizar bendiga el agua y la consuma luego, lo cual le mandó en virtud de obediencia.

A la mano derecha del dicho altar mayor está otro altar que es de la Visitación de Santa Catalina y está en él la dicha imagen de bulto y en la pared pintada la imagen de Santiago y otras imágenes.

En la dicha iglesia se hizo luego el inventario de los bienes de ella, es la siguiente:

 

Plata

Una custodia de plata dorada con una cruz encima que puede pesar cuatro marcos.

Una cruz de plata con sus esmaltes que puede pesar hasta ocho marcos.

Un cáliz dorado de plata dorado de dentro quebrado con su patena que pesa hasta dos marcos.

Dijo el dicho Vicario que tiene en poder de un platero que se fue de Veas dos marcos de plata para un cáliz.

Una cruz de plata blanca con un crucifijo quebrada que pesa dos marcos.

Una crucecita que pesa hasta tres onzas.

 


Ornamentos

Un vestimento de terciopelo azul con su cenefa y una estola.

Un vestimento de zarzahán con todo su aparejo.

Otra casulla de zarzahán vieja rota.

Un vestimento de çindal azul.

Un vestimento de fustán con su estola y manípulo.

Una casulla de lienzo cárdeno vieja.

Un vestimento de lienzo blanco con su estola y manípulo.

Un vestimento de zarzahán viejo.

Dos albas buenas. Una sobrepelliz de Bretaña raída.

Una capa de zarzahán vieja. Una capa de lienzo colorado vieja.

Una manga de la cruz colorada y blanca.

Una cortina amarilla y colorada.

Tres frontales de lienzo pintados en los altares. Un “velum templi” blanco.

Un pedacillo morisco que está en el sagrario y otro con que se adobó un alba que se deshizo.

Una almejía con orillas pintadas. Dos aras. Unas capitas.

Catorce pares de manteles viejos y nuevos.

Una cortina con unas listas que está sobre la pila.

Una alfombra medrada y otra vieja.

/113/

Libros

Un coletario de pergamino. Un evangelisterio en que se entiende dominical y santoral en dos cuerpos. Un epistolario. Un teigitur de la Orden de Santiago. Dos oficiarios. Dos dominicales de lectura y cantoría. Un santoral de quinta regla de lectura. Unas çinquistorias viejas. Un oficiario en que está el oficio de las tinieblas y fiesta de Corpus Cristi. Unas costumbres. Un cuaderno del teigitur con ciertas misas votivas. Tres cuadernos de misas votivas con el oficio de la extremaunción. Un breviario de molde.

 


Campanas

Dos campanas en el campanario. Un esquilón sobre la iglesia. Una campanilla de mano. Una rueda de campanillas. Otra campana que está en la fortaleza. Un entosel de azofar. Dos pares de hierros de hostias. Un acetre. Dos portapaces de palo. Una lámpara con su bacín grande. Dos ampollas de estaño.

 

Posesiones de la iglesia

Treinta pies de olivas que rentan muy poco.

 

Vicario y beneficio

La vicaría y el beneficio es todo un cuerpo, lleva las primicias de pan y queso de la dicha villa y las dos terceras partes del pie de altar, porque la otra lleva el sacristán.

Tiene la judicatura de la dicha villa y encomienda y de Benatahe.

Tiene una casa cabo la iglesia que alinda con Martín Pérez y con el dicho Vicario.

 

Cuenta del mayordomo de la iglesia

Pareció que tenía recibido Gonzalo López, mayordomo de la dicha iglesia, según lo mostró por menudo, mil y doscientos y sesenta y tres maravedíes con los doscientos y ochenta maravedíes que le fueron hechos de alcance. I U CCLXIII (1.263.-).

Pareció que gastó el dicho Gonzalo López según lo dio por menudo en su libro, ochocientos y cuarenta y dos maravedíes. DCCCXLII (842.-).

Descontados del dicho cargo hallan que debe cuatrocientos y veinte y un maravedíes. CCCCXXI (421.-).

/114/

En los cuales dichos maravedíes los dichos visitadores condenaron al dicho Gonzalo López, que los dé y pague a la dicha iglesia dentro de nueve días primeros siguientes, a quien por ella lo tuviere de haber; testigos, el Vicario Juan García Román y Antón Ruiz y Ruy Sánchez, vecinos de la dicha villa. El cual juró la dicha cuenta en forma y le dejaron en el dicho cargo.

Mandaron los dichos visitadores, al dicho mayordomo, que adobe un cáliz que está quebrado y adobe la custodia y adobe la cruz de plata blanca; y asimismo que cobre de Diego Platero, vecino de Úbeda dos marcos y media onza de plata que tiene para un cáliz; y lo haga hacer con las otras cosas hasta un año primero, so pena de dos mil maravedíes para la fábrica de la dicha iglesia, testigos los dichos.

Hallaron en la dicha iglesia por Vicario a Juan García Román, el cual está presentado por el Maestre don Alonso de Cárdenas y con colación del diocesano en la cual hace mención de la presentación de la Orden; al cual hallaron bien instruido e informado en enseñar los sacramentos y en todas las cosas de su oficio; el cual tiene la regla de la Orden; el cual dijo que la lee; en cuanto a los ayunos le mandaron que traiga licencia del prior de Uclés.

 


Y después de lo susodicho, en veinte y siete días del dicho mes de setiembre, estando los dichos visitadores en Santa María de la Peña, pareció ante ellos Alonso Vázquez, alcalde de Segura y dijo que por descargo de su conciencia denunciaba y hacía saber en como en la dicha ermita solían tener un mayordomo y santero muy bueno y persona que muy bien trataba las heredades y granos y otras cosas de la dicha ermita, el cual falleció y después de él se tomó a cargo la providencia de la dicha mayordomía de la dicha ermita de los Vicarios de Segura y alcaldes de la dicha villa juntamente que con favor Juan García Román vicario de la dicha villa proveyó de la dicha mayordomía a García Ferrández Tejedor y a María López su mujer, los cuales son caseros /115/ en la dicha ermita y que sabe que ha sido mujer que ha tenido fama con el mismo vicario y que parió de él  y que así lo ha oído y que es su parienta y que le parece mal que en tal ermita como ésta haya de estar tal cosa. Y que asimismo que oyó decir que una mujer que el dicho Vicario tenía que era casada en Hornos y que al tiempo que descomulgaba sobre quien la tenía que la tenía escondida en la dicha ermita y que esto oyó decir a su suegra del dicho Alonso Vázquez, puede haber seis meses poco más o menos que dijo que lo había dicho la mujer del dicho Juan González a la dicha su suegra; y que si sobre esto querían más información que tomen a Alonso Ferrández de Alcardete y a su mujer, vecinos de Orçera y a la de Juan García que vive en Segura y Antón García, regidor y a Pedro López, alcalde de Segura y a Francisco de Zambrana, alcaide de la fortaleza de Segura y a Pedro Baeza; y que sabe que muchos dejan de venir a esta ermita a causa de estar todos de las búas, así los santeros como un hijo que está allí grande de dicho Vicario, y que de esta causa no viene a esta ermita el alcaide Francisco de Zambrano, ni su mujer y que esto dijo y denunció por descargo de su conciencia y para que administren justicia; el dicho Alonso Vázquez juró en forma debida que esto no lo decía por odio ni mal querencia que le tenía, salvo porque todo lo por él a quien dicho pasa en verdad.

 

El dicho Gonzalo López, alcalde de Segura, juró en forma debida de derecho sobre lo susodicho, el cual fue preguntado por los dichos visitadores y declaró lo siguiente:

Fue preguntado si conoce a Juan García Román, vicario de Segura y si tiene alguna enemistad con él u odio o mal querencia, el cual dijo que le conocía y que lo quiere bien y que no le ha hecho mal ninguno.

Preguntado si sabe o cree o ha oído decir que el dicho Vicario hubiese tenido que faser carnalmente con una mujer de uno de Hornos sobre la cual se sacaron cartas de excomunión o si en algún tiempo la ha /116/ tenido o tiene por manceba en su casa o fuera de ella y si sabe que la hubiese enviado y tenido o tenga al presente en esta ermita o diga lo que sabe o ha oído decir a cerca de este caso.

El cual dicho testigo dijo que vido matar candelas (se apagan velas en la lectura final de la excomunión) sobre ello puede haber cuatro años en Segura. Y que este testigo, siendo alcalde entró a buscarla a su casa del dicho Vicario y que no la halló porque dijo uno de Hornos al Vicario pese a tal que tenía vos las mujeres casadas en vuestra casa cual Dios sufre tal y que oyó decir a muchas personas que tenía que hacer con la dicha mujer y que oyó decir que la había enviado al castillo de Cotillas, pero que no sabe ni oye decir que la hubiese enviado a la dicha ermita; preguntado a quien lo oyó, dijo que no se acuerda y que de un año acá ya no se dice.

Preguntado si conocía a María López, mujer de García Ferrández Tejedor que es ahora santero en la dicha ermita y cuánto ha que los conoce; el cual dijo que ha cuatro años que los conoce después que viven en Orçera.

Fue preguntado si sabe que la dicha María López sea parienta del dicho Vicario; el cual dijo que no lo sabe más que lo ha oído decir que son parientes dentro del cuarto grado; preguntado a quien lo oyó, dijo que a muchas personas.

Preguntado si sabe que el dicho Vicario toviese que faser con la dicha María López o la tuviese por manceba ahora o en otro tiempo alguno, el cual declaró que sabe que fue enfamada con el dicho Vicario después de casada con este García Ferrández puede haber dos años poco más o menos y que oyó decir que había parido un hijo o una hija del dicho Vicario, lo cual oyó decir a muchas personas.

Preguntado si sabe que el dicho Vicario lo pusiese allí de su mano y lo procurase con la dicha villa que fuese mayordomo de la dicha ermita el dicho García Ferrández Tejedor, el cual dijo que puede haber obra de un año poco más o menos que se juntaron los oficiales de la dicha villa con el dicho Vicario para poner mayordomo en la dicha ermita y platicaron sobre /117/ algunas personas que les parecía que serían pertenecientes para la dicha mayordomía y que el dicho Vicario procuró y encaminó que diesen la mayordomía al dicho García Ferrández y que así que la dieron juntamente el dicho Vicario y los dichos oficiales y que después de dada dijeron muchas personas que no era para aquel oficio aunque el Vicario lo había encaminado porque no era hábil para ello.

Fue preguntado si sabe que el dicho García Ferrández administre mal los bienes y rentas de la dicha ermita o si los gasta él y su mujer en su mantenimiento y si es persona ábile para tener la dicha mayordomía, el cual dijo que como no le han tomado cuenta que no sabe; pero que sabe que es hombre de necesidad y que está mal de las búas y que esto es lo que sabe para el juramento que hizo.

 


El dicho Antón García, regidor, juró en forma debida de derecho, el cual fue preguntado sobre el caso susodicho en esta guisa:

Primeramente si conoce a Juan García Román, vicario de Segura, el cual dijo que sí, que le conoce veinte y dos años y que no tiene enemistad con él y que le quiere bien.

A la segunda pregunta dijo que sabe que vive en su casa aquella mujer de Hornos, puede haber de siete años a esta parte y que decía el dicho Vicario que era su parienta y que sabe que entonces se había venido ella de su marido desde Hornos y que después el marido sacó cartas de des comunión para saber dónde estaba su mujer. Y que a la sazón cuando des comulgaban decían que estaba en Cotillas y que la había enviado el dicho Vicario y que allí la provee de lo que había menester y que después acá nunca lo ha sabido donde está y que cuando decían que ella estaba en Cotillas puede haber cuatro años poco más o menos y que no sabe más de lo contenido en la dicha pregunta.

A las otras preguntas dijo que sabe que el dicho García Ferrández que es hombre diligente /118/ y que no sabe si desgasta los bienes de la ermita o no, y que el dicho Vicario y los dichos oficiales de Segura le dieron la dicha mayordomía y que no sabe más para el juramento que hizo.

 

Ruy Sánchez del Arroyo juró en forma debida de derecho, fue preguntado por los dichos visitadores por las preguntas susodichas.

A la primera pregunta dio que el dicho Vicario es su deudo en tercero grado y su amigo y que lo conoce desde que eran pequeños.

A la segunda pregunta dijo que sabe que tuvo en su casa aquella mujer de Hornos y que la vido allí  como casera puede haber hasta dos años y que no sabe donde la tiene.

A las otras preguntas dijo que no sabe más de lo dicho para el juramento que hizo.

 

Pedro Baeza, testigo, juró en forma debida de derecho, preguntado por las preguntas del dicho Gonzalo López.

A la primera pregunta dijo que no le tiene enemistad ni deudo y que antes le quiere bien y que le conoce muy bien al dicho Vicario.

A la segunda pregunta dijo que oyó decir que aquella mujer de Hornos que era su manceba y que la tenía en son de prima y que puede haber que lo oyó decir de tres o cuatro años a esta parte y que oyó decir que había parido en Cotillas del dicho Vicario en poder de un cuñado suyo del dicho Vicario y que esto es lo que sabe para el juramento que hizo.

 

Pedro Díaz, vecino de Segura juró en forma debida de derecho, preguntado por las dichas preguntas dijo:

A la primera pregunta que lo conocía y que no tiene con él enemistad ni deudo, antes le quiere.

A la segunda pregunta dijo que oyó decir que tenía que façer con una mujer de un Escobar (¿) de Hornos y que había habido un hijo en ella, /119/ que no se acuerda a quien lo oyó y que esto puede haber hasta tres años poco más o menos y que en este dicho tiempo oyó decir que la tenía en el castillo de Cotillas y que allí había parido; preguntado a quien lo oyó, dijo que no se acuerda.

A la tercera pregunta dijo que ha diez o doce años que conoce a Mari López, mujer de García Ferrández, casero de la dicha ermita y que ha oído decir que es su parienta del dicho Vicario pero que no lo sabe decir a quien salvo que lo oyó públicamente en Orçera y que oyó decir que tiene que faser con ella el dicho Vicario y que tenía una hija en ella y que lo oyó decir seis o siete años ha; y que esto es lo que sabe para el juramento que hizo.

 


Francisco de Zambrano, alcaide de Segura, juró en forma y ratificado, y dijo y declaró lo siguiente:

Preguntado por todas las preguntas dijo que lo que sabe es que en cuanto al mayordomo que está con las búas y está en la dicha ermita y que le han dicho que no es nacido el cabrito cuando se lo han comido él y su mujer y que sabe que son personas de necesidad y que otras personas debían poner que fuesen más diligentes para ello y más suficientes y que no sabe más.

 

Alonso Ferrández de Alcaldete, juró en forma debida de derecho; preguntado por los dichos visitadores por las preguntas de suso dichas:

A la primera pregunta dijo que conoce al dicho Vicario y que no es su pariente y que le quiere bien.

A la segunda pregunta dijo que sabe que la tuvo en Cotillas y que allá parió de él un hijo y que un cuñado suyo, que era alcaide, se la tenía allá y que decían que de Orçera llevaban pan y vino allá, que lo enviaba el dicho Vicario y que una vez la vido en su casa estando él en Orçera que venía a hilar seda; preguntado cuanto tiempo ha que estaba en Cotillas dijo que puede haber un año poco más /120/ o menos y que puede haber diez años que estaba en su casa continuamente y que se llamaban primos; preguntado como lo sabe dijo que porque lo oyó decir a su hermana del dicho Vicario que estaba en Cotillas y que la proveía él, y que sabe que tiene una haza de un vecino de Orçera cabo (¿) un majuelo del dicho Vicario y porque no le quiso dar su hermana una casa para trocar con la dicha haza para juntar con su majuelo que riñeron y que de esta causa le dijo que había parido un hijo del Vicario aquella mujer de Hornos. Y que sabe que ahora un año desecho (¿) de si a otra Teresa Ferrández y que tiene una hija en ella que tiene en su casa. Preguntado cómo lo sabe dijo que porque se lo dijo el dicho Vicario y la dicha Teresa Ferrández y la vido en su casa, en Segura, muchas veces. Preguntado si sabe que la tuvo en Santa María de la Peña a la mujer de Hornos, dijo que oyó decir a la mujer de Juan González que primero era allí mayordomo puede haber cuatro años que la tenía allí escondida y que no sabe quien la tenía más que era pública fama que la tenía allí el Vicario.

Preguntado por la tercera pregunta dijo que conocía a Mari López, mujer de García Ferrández, más ha de cuatro años y que sabe que es prima segunda del dicho Vicario, que él se lo ha dicho y sus hijos de él y de ella asimismo.

Preguntado por la cuarta pregunta dijo que sabe que puede haber diez años que su marido se fue a ser pastor y se la dejó encomendada al Vicario y a sus hijos como a parientes y que desque vino el marido que la halló preñada y que decía que era del Vicario y que parió una hija que hoy la tiene por hija el dicho Vicario y que a la sazón la quería poner en manos de la justicia el marido y porque no lo hiciese que cree que le dieron seis o siete mil maravedíes y que la perdonó. Preguntado como lo sabe dijo que porque era su vecino y se lo decía ella a este testigo y que después acá no sabe que haya tenido más pendencias con ella ni con otra.



/121/

A la quinta pregunta dijo que sabe que procuró el dicho Vicario de ponerle allí por mayordomo al dicho García Ferrández que ahora está marido de la dicha Mari López y que está allí con él un hijo del dicho Vicario; preguntado cómo lo sabe, dijo que porque todos los oficiales de Segura le dijeron que porque los había importunado el dicho Vicario que se lo diesen, se lo dieron.

Preguntado si sabe que guarda los bienes de la ermita el dicho García Ferrández, dijo que sabe que es hombre necesitado y que no tiene otra cosa de donde tomar sino de la dicha ermita y que esto es lo que sabe para el juramento que hizo.

 

Y Luisa Sánchez, vecina de Orçera, juró en forma debida de derecho y es preguntada por las dichas preguntas, dijo que conoce al dicho Vicario y que no tiene con él enemistad, más antes le quiere bien.

Preguntada por la segunda pregunta del testigo primero, dijo que oyó decir que tiene aquella mujer de Hornos y que no se acuerda cuanto tiempo ha y que lo oyó decir a muchas personas y que no sabe más de la dicha pregunta.

Preguntaron si conoce a Mari López mujer de García Ferrández, dijo que la conoce y que ha oído decir que es parienta del Vicario y que lo oyó a muchas personas y que asimismo oyó decir que tuvo que hacer con ella y que hubo una hija en ella y que ahora no sabe si tiene otra ninguna ni menos de aquella por manceba y que no sabe más para el juramento que hizo.

 

Martín Sánchez, vecino de Orçera, juró en forma debida de derecho y ratificado. Preguntado por los dichos visitadores en la forma siguiente:

Preguntado si conoce al dicho Juan García Román, vicario de Segura o si tiene con él deudo o amistad u odio o malquerencia, el cual dijo que le conoce y que no tiene con él deudo, ni enemistad salvo que le quiere bien.

/122/

Preguntado si sabe que tenga alguna manceba pública o haya tenido a la mujer de Escobar, vecino de Hornos, o qué es lo que sabe de ello, dijo que sabe que ha que tiene aquesta mujer de Hornos cerca de ocho años, poco más o menos, por manceba y que en Segura casó una hija de la dicha mujer el dicho Vicario, preguntado si sabe que era su hija, dijo que no sabe.

Preguntado cómo sabe que la tenía por manceba, dijo porque se vino de su marido desde Hornos y la vido este testigo en su casa muchas veces y era público en Segura que la tenía y que se la defendía a su marido y que por esto fue a traer causas de descomunión de Murcia. Preguntado si sabe que se leyeron las causas de descomunión en Segura, dijo este testigo que aquella mujer tenía el dicho Vicario públicamente y que así se decía y que su marido le dijo a este testigo que el dicho Vicario leía las causas de excomunión y que le tenía a su mujer. Preguntado si después que se leyeron las causas de descomunión sabe que la haya tenido por manceba o la haya tenido en su casa, dijo que la vido muchas veces en casa del dicho Vicario después que se leyeron las causas y que puede haber tres meses, poco más o menos, que la vido en su casa del Vicario y que cree que allí se está ahora.

Preguntado si conocía a Mari López, mujer del dicho García Ferrández, tejedor o si sabe que el dicho Vicario haya tenido que hacer con ella o si es su parienta o qué es lo que de ello sabe. Dijo que conocía a la dicha Mari López, mujer del dicho García Ferrández, santero de la ermita de Nuestra Señora de la Peña y que ha que la conoce desde que se desposó con este García Ferrández porque por quella es de Syles y que se dicen primos y que a otras personas ha oído decir que son parientes y que sabe que tiene una hija de ella y que están aquí en Orçera, que la veían labrar que puede haber seis o siete años y que la tiene por su hija el dicho Vicario y que en Orçera así es tenida por su hija, y que /123/ sabe que la tuvo por manceba en este dicho lugar todo el tiempo que su marido estaba en el ganado y que cree que aún ahora se la tiene por el trato y conversación que tienen juntos y porque así es pública voz y fama.

Fue preguntado si sabe que haya tenido o tenga otras mujeres algunas por mancebas o haya tenido o tenga hijos en otras mujeres, así parientas como casadas o en otra manera; dijo que sabe que tuvo a la de Juan López Risto y tiene en ella una hija y que el que casó con la dicha su hija, le hue (¿) a conocer por suegro y que este lo tiene a él por yerno y la hija por padre. Y que sabe que después de esta tuvo a la de Bartolomé de Siles, y tuvo en ella un hijo que ahora está en Santa María de la Peña, que se llama Bartolomé y tuvo otra hija que se llevó el dicho Vicario a Segura y que sabe que el dicho Bartolomé de Siles decía que era su mujer parienta del dicho Vicario. Y que sabe que otra Teresa Ferrández de Segura tuvo y que sabe que tenía fama con ella; preguntado cómo sabe que tuvo estas pendencias con estas mujeres, dijo que porque es público en Orçera y en Segura y que esto es lo que sabe para el juramento que hizo.

 



Juan Gómez, vecino de Orçera, juró en forma debida de derecho y ratificado.

 Preguntado si conocía al dicho Juan García Román, vicario, el cual dijo que sí; preguntado si tiene con él deudo o enemistad, dijo que no salvo que le quiere bien.

Preguntado si sabe que el dicho Vicario tuvo aquella mujer de Hornos por manceba, o qué es lo que de ello sabe, dijo que oyó decir que estuvo en su casa y que venía a hilar seda y que la tenía por parienta; preguntado a quien lo oyó, dijo que a muchos vecinos de este lugar y a su marido mismo y que sabe que el marido de la dicha mujer y otras personas le dijeron que habían leído causas de Murcia, sobre que no sabía dónde estaba su mujer y que le dijo a este testigo que no podía alcanzar justicia /124/ con el dicho Vicario y que Dios se lo demanda su mal y caramente (¿); preguntado si sabe que después de sacadas causas de descomunión estuvo la dicha mujer en su casa del dicho Vicario, el cual dijo que a muchas personas ha oído decir que la ha tenido después.

Y dijo más este dicho testigo, que oyó decir que estuvo en el castillo de Cotillas aquella mujer porque el alcaide es cuñado del dicho Vicario; preguntado cuanto tiempo ha que la envió a Cotillas y que estuvo allá, dijo que puede haber dos años poco más o menos.

Preguntado si conocía a Mari López, mujer de García Ferrández, tejedor, santero de la ermita de Nuestra Señora de la Peña, dijo que sí y que sabe que es parienta del dicho Vicario. Preguntado cómo lo sabe, dijo que lo oyó decir a ella y al dicho Vicario y a otros muchos.

Preguntado si sabe que la ha tenido por manceba el dicho Vicario, dijo que ha oído decir a muchas personas que la ha tenido y que tenía una hija en ella; preguntado si sabe que haya tenido que hacer con otras mujeres parientas o casadas, dijo que sabe que tuvo un hijo en la de Bartolomé de Syles que se llama Bartolomé y preguntado cómo lo sabe dijo que porque lo oyó y es avido por su hijo y porque de todo ello es pública voz y fama y que esto es lo que sabe para el juramento que hizo.

 

Alonso Ferrández de Siles juró en forma debida de derecho y ratificado. A la primera pregunta fue preguntado si conocía al dicho Juan García Román, vicario, o si tiene con él enemistad o deudo, dijo que no, antes le quería bien.

Preguntado si sabe que haya tenido que faser con la mujer de Escobar, vecino de Hornos o que la haya tenido en su casa o qué es lo que de ella sabe, dijo que oyó decir que ha tenido a la dicha mujer de Escobar de Hornos y que la tenía en su casa pero que no la vido este testigo antes ni después que se sacaron las cartas de excomunión. Preguntado a quien lo oyó decir, dijo que a muchas personas y que asimismo oyó decir que tiene una hija de ella y que la /125/ casó el dicho Vicario. Y que asimismo que oyó decir que la tuvo en Cotillas en poder de su cuñado del dicho Vicario que era alcaide y que no se acuerda a quien lo oyó. Preguntado si sabe que la tenga ahora, dijo que oyó decir habrá de dos meses ha, a Juan Sastre que creía que la tenía en su casa el dicho Vicario.

Preguntado si conoce a la de García Ferrández, mujer del santero de Santa María de la Peña o si sabe que haya tenido el dicho Vicario que faser con ellao la haya tenido por manceba, dijo que conoce a la de García Ferrández y que oyó decir a muchas personas que tiene una hija en ella y que es su prima segunda y que la dicha su hija que le parece al dicho Vicario y que es pública voz y forma en el dicho lugar Orçera y que sabe este testigo que ha oído decir que tiene una hija y un hijo en Teresa de Siles y que le parecen los dichos hijos al dicho Vicario y que de ello es pública voz y fama.

Preguntado si sabe que haya tenido o tenga otra persona por manceba casada o moza, dijo que ha oído decir que tiene otra hija en la de Juan López de Yñigo López; y que asimismo tuvo a otra Teresa Ferrández en Segura y que lo oyó decir públicamente; preguntado cómo lo sabe, dijo que porque es pública voz y fama.

 


Juan Sastre, vecino de Orçera juró en forma debida de derecho y ratificado; preguntado si conocía al Vicario Juan García Román o si tiene deudo con él o enemistad, dijo que lo conoce y que no tiene deudo, ni enemistad con él, ni le quiere mal.

Preguntado si sabe que tuvo que faser a una mujer de Hornos o que la tuvo por manceba, dijo que lo oyó decir que tuvo a la mujer de Cristóbal (Escobar) de Hornos y que oyó decir a su hermana del dicho Vicario que la había tenido en Cotillas su cuñado cuando era alcaide, y que oyó decir al mismo Vicario que había leído cartas de excomunión en Segura, Escobar para saber dónde estaba su mujer; preguntando si la vido en su casa cuando se sacaron las cartas de excomunión, dijo que antes que se leyó la vido en casa del dicho Vicario pero /126/ que después no la ha visto y que cuando lo vido en su casa no sabía que la tuviese por manceba y que sospechaban algunas personas que tenía que facer en ella; preguntado por la tercera pregunta si conocía a Mari López mujer de García Ferrández santero de Santa María de la Peña, el cual dijo que sí.

Preguntado si ha oído decir que la tiene por manceba a la dicha Mari López o qué es lo que de ello sabe; dijo que oyó decir al dicho vicario y a su hija (….) que son parientes y que era hija de su prima segunda del (….) y dijo que también sabía que tuvo que faser con ella y tuvo en ella una hija y que era el cual en Orcera que la tenía un çapatero y que de esto es pública voz y fama.

Asimismo dijo este testigo la de Juan López Risto (¿) que tenía parido del dicho vicario una hija y que ahora es casada con uno que se llama Juan Ferrández de (…) y que vive en Orcera, y que esto es lo que sabe y es pública voz y fama para el juramento que hizo.

 

En veinte y ocho días de setiembre del dicho año (28-09-1498), los dichos visitadores en presencia del dicho Juan García Román, vicario y de los testigos de susoescriptos dijeron a mí el dicho escribano que mandaban hacer publicación de las actas (¿) de los informes (¿) contra él recibidos, el cual pidió traslado; los dichos visitadores se lo mandaron dar y que responda lo que quisiere en el término de la ley; testigos el bachiller Rodrigo del Castillo y Juan de Madrid y Pedro Rodríguez, vecino de Segura.

 

Y en Benatahe, dos días del mes de octubre, año susodicho (2-10-1498), ante los dichos visitadores pareció el dicho Juan García Román, vicario de Segura y dijo que en los (….) de suso contra él hechos, del cual le fue dado copia (….) que no (….) de decir ni alegar cosa alguna sobre ello, salvo que solamente concluya y se pone en las manos de los dichos visitadores para que hagan lo que quisieren y por bien tuvieren: testigos Fernando Carrillo y el bachiller Rodrigo del Castillo.

/127/

Y después de lo susodicho, en la villa de Siles, seis días del mes de octubre del dicho año (6-10-1498), los dichos visitadores dijeron que por cuanto ellos tienen hecha cierta pesquisa e información de testigos contra Juan García Román, fraile de la Orden de Santiago y Vicario de la villa de Segura, que le mandaban y mandaron al dicho Vicario que se presente personalmente ante prior y convento de la villa de Uclés, con la dicha pesquisa e información signada, cerrada y sellada para que aquella, vista por el dicho prior o convento, se le imponga la penitencia que sea saludable a su ánima y que no venga del dicho convento sin licencia y mandado del dicho prior o del administrador de dicho convento, lo cual dijeron que le mandaban y mandaron, que así haga y cumpla y se presente hasta diez días del mes de noviembre de este dicho año, en virtud de obediencia y so pena de privación del oficio y beneficio, lo cual todo que dicho es, fue notificado por mí el dicho escribano al dicho Vicario, de que fueron testigos presentes Fernando Sánchez, cura de Xenabe y el bachiller Rodrigo del Castillo, vecino de Toledo.

 

En término de la dicha villa hay dos ermitas, la una de San Sebastián y la otra de San Vicente, las cuales no tienen renta ninguna.

Los dichos visitadores visitaron la ermita de San Sebastián, la cual es de tres naves, la de el medio es nueva de muy buena madera acepillada y está cubierta hasta la mitad y está hecho sobre arcos de calicanto; no tiene altar, sino un paño pintado la imagen de San Sebastián.

 

En este dicho día visitaron la ermita de San Vicente, la cual está hecha de una nave, tiene un altar y en él un retablo de pincel y en él las imágenes de San Vicente y San Miguel y una imagen pequeña de Nuestra Señora de bulto; y en el altar hay unos manteles limpios y un frontal de lienzo y una lámpara de hierro; y al cabo de esta dicha ermita está una chimenea para el santero: Las cuales dichas ermitas encomendaron al Concejo los dichos visitadores para que las reparen pues no tiene renta ninguna.



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Fortaleza

En veinte y cinco días de setiembre del dicho año (25-09-1498), fueron los dichos visitadores a visitar la fortaleza de la dicha villa, la cual está abrazada con los adarves de la villa y está en una sierra muy alta y muy fuerte; y llegaron a una barrera de calicanto almenada que está abrazada con el cuerpo principal de la fortaleza y tiene a la entrada unas buenas puertas y van por ella hasta otra barrera como baluarte que tiene unas puertas de pino; y de este baluarte van hasta otra barrera bien almenada, la cual es de calicanto y llega hasta la puerta principal de la fortaleza; y llegando a la dicha puerta principal hallaron ende por alcaide a Francisco de Zambrano, caballero de la Orden, el cual les abrió las puertas y les entregó las llaves de la dicha fortaleza y los dichos visitadores las recibieron y echaron fuera al dicho Francisco de Zambrano; y se entraron dentro y se apoderaron de la dicha fortaleza en lo alto y bajo de ella.

En la dicha puerta principal tiene sus puertas fuertes de madera de roble y con su cerrojo grueso y aldaba y tranca gruesa; y en entrando está una portería como entresuelo debajo de una bóveda bien reparada.

De esta portería entran a un patio que está en medio de la fortaleza y a la mano derecha está una sala grande baja, hecha a colgadizo, en la cual está una buena chimenea.

De esta sala entran a un palacio donde duerme gente y esclavos (¿); junto con esto está una despensa grande bien reparada en la cual hay quince tinajas para vino. De frente de la dicha sala como entramos a la mano izquierda, está otra despensa baja con sus puertas bien reparadas.

Más delante de la sala susodicha está un aljibe bien obrado y luego está un portal a colgadizo donde está una atahona desbaratada ./129/ y desde la dicha atahona sube la escalera a el aljibe; de este portal entran a una bóveda luenga y grande que está atajada por medio que es la iglesia de Santiago de un cabo y bien reparada; en la cual está un altar con un frontal nuevo de barniz y unos manteles limpios, y a la espaldas un paño pintado en él un crucifijo; y en el dicho altar está una imagen de bulto de Nuestra Señora y otra de Santiago de alabastro todo bien reparado.

Desde el dicho portal entran a una caballeriza con sus buenas pesebreras y de esta caballeriza entran a dos bóvedas de dos arcos, uno para establo y otro para pajar. De frente de este establo salía una puerta a un atajo que está hecho en la bóveda de la iglesia y al cabo de este atajo está otra bóveda debajo de un arco.

Junto a la dicha atahona sale una escalera a una cámara para tener cosas de bastimento, la cual está bien reparada con sus puertas y cerradura.

Junto con la torre del homenaje está un establo pequeño de frente de la puerta de la fortaleza con sus pesebreras y puertas y al otro cabo, al pie de la dicha torre, está una casa pequeña con un horno.

Junto con esto están dos palacios bajos para aposentamiento que solía ser caballeriza sobre arcos atravesados de ladrillo.

Junto con la puerta de estos palacios está una escalera que sube a un aposentamiento alto que llega a un recibimiento alto de buena madera de pino a dos aguas.

A la mano izquierda entran a un corredor donde está una cámara donde hay tres atajos de retretes nuevos, todo a un agua bien obrado. Y como sube por la dicha escalera a la mano derecha está una cámara muy buena, cubierta de madera de pino y al cabo de ella un retraimiento /130/ de mujeres y de esta cámara sale una puerta a un corredor nuevo y al cabo de él un retraimiento pequeño, todo bien obrado.

Junto con esta cámara está una rondilla para neçisaria (¿) bien cubierta y reparada.

Desde dicho recibimiento sube una escalera a una cocina con una chimenea y tiene en medio dos pilares de madera y en esta cocina está un retraimiento para escalanas (¿) y junto con la dicha chimenea está un petril como ronda bien cubierto y reparado.

Alrededor de esta cocina sale por los adarves a donde está una casa donde están las velas sobre la puerta de la barrera de en medio donde está una campana. Y más adelante está una cámara hecha sobre un arco y un cobertizo encima nuevo bien hecho.

En estos dichos adarves están cinco torres y ambos bien reparados y en cabo de estos adarves, junto con la torre del homenaje en un cabo está una neçisaria (¿).

Y luego subieron a la torre del homenaje que es muy grande y muy alta y de calicanto; tiene una puerta obra de tres tapias alta del suelo, la cual es de un arco de cantería, tiene unas puertas de pino y su cerrojo de fuera y su aldaba por de dentro de la dicha puerta. Y luego descienden una escalera pequeña al suelo de la torre, en el cual está hecho un atajo de yeso para alfolí (almacén de grano). Y al otro cabo está una cámara y sobre esto bajo están dos cámaras altas, la una llena de trigo y en la otra está una mazmorra, lo alto de esta cámaras es bóvedas de ladrillo con sus lumbreras necesarias para claridad.

En la una cámara de estas están siete ballestas fieras (fuertes?) de acero y cinco garruchas y diez espingardas con sus atacadores y burjacas y vosquejotes y cañones y musiques y cuerdas (¿) y dos zebratanas y cuatro servidores /131/ y una sera de almacén para las ballestas y una sera de salitre, cuatro jarrones (¿) de pólvora.

Y luego salieron a otra bóveda, más alta que esta, encima de ella donde hay seis miembros de bóvedas pequeñas armadas sobre pilares de ladrillo muy gruesos; en estas bóvedas está un molino de brazo. Y luego sube por otra escalera a otras bóvedas más alto, la cual asimismo es de seis bóvedas pequeñas sobre pilares de ladrillo.

Y desde allí suben por otra escalera a lo alto de la torre, la cual está petrilada y almenada y en medio hecho un tejado sobre las bóvedas y en la dicha torre está caído un pedazo de petril de hasta tres almenas y el tejado de la dicha torre está mal reparado.

En la dicha fortaleza hay cinco cubas desarmadas y están dentro de una bóveda de homenaje y otra está armada abajo cabo la iglesia.

Y así visitada la dicha fortaleza, hallaron los dichos visitadores fuera de ella y por la cuesta muchos edificios de muros antiguos y dos aljibes y cerca de la dicha fortaleza está una barrera antigua y en ella está el uno de los dichos aljibes, el cual está aderezado y limpio con un cubo y un cigüeñal para sacar agua para servicio de la fortaleza y junto con él hechos unos pilares y un emparrado como cenador muy bien hecho y con otros árboles en él.

 


Y después de esto los dichos visitadores visitaron la persona del dicho Francisco de Zambrana, el cual se entró con los dichos visitadores en la iglesia de Santiago vestido un manto de capítulo. Al cual hallaron que reza muy bien sus horas y las sabe bien rezar y no tiene la regla. Le mandaron que la tenga hasta el día de Navidad en virtud de obediencia y que la lea cada mes una vez como la dicha regla manda. Le mandaron que se muestre juzto la venia y la bendición de la mesa en virtud de obediencia. Y por lo que no sabía se le /132/ impuso pena saludable a su anima y por las faltas asimismo.

Y luego los dichos visitadores pidieron al dicho Francisco de Zambrano la entrega de la dicha fortaleza, el cual dijo que no recibió más de las armas que en la torre del homenaje están expuestas y asimismo las cinco cubas y las quince tinajas de vino, lo cual dijo que daba y dio por entrega de la dicha fortaleza.

Y luego los dichos visitadores se fueron a la puerta principal de la dicha fortaleza a donde el dicho Rodrigo Dávalos, comendador de Montealegre, recibió pleito homenaje del dicho Francisco de Zambrano, tomando sus manos juntas entre las suyas y le dijo que hacía pleito homenaje como caballero, una y dos y tres veces, una y dos y tres veces, una y dos y tres veces, según costumbre y fuero de España de tener la dicha fortaleza por el rey y la reina, nuestros señores, como administradores perpetuos de la dicha Orden de Santiago y de hacer desde ella guerra y paz a quien sus altezas mandaren y de recibirlos en ella así caídos o pagados o entregarles la dicha fortaleza a ellos o a su cierto mandado; y el cual dicho alcaide dijo que así lo hacía y otorgaba, testigos Diego de Xerica y Pedro de Soria y Bernardino de Calvete.

Luego los dichos visitadores le dieron las llaves y le dejaron dentro en la dicha fortaleza y vieron por vista de ojos que de algunas cosas que los visitadores pasados mandaron hacer que no habían hecho las cosas siguientes;

Hallaron que el tejado y camarachones de la torre del homenaje que los visitadores pasados habían mandado hacer, que no estaba hecho y queriendo lo ejecutar según por sus altezas les es mandado, recibieron juramento de Diego de Villalobos, maestro de obras, cuanto era menester para hacer el dicho camarachón y tejado de la torre del homenaje, el cual declaró, so cargo del juramento que hizo, que ha menester tres mil y /133/ seis cientos y veinte maravedíes para hacer el dicho camarachón y teja de la dicha torre del homenaje.

Y luego los dichos visitadores andando mirando las barreras por de fuera, hallaron en la barrera junto con la puerta falsa un pedazo de petril de la barrera y de las almenas caído y la esquina de la puerta está toda carcomida por bajo el asiento de ella y otra esquina asimismo descalza, que ha menester repararse que ha mucho tiempo que se cayó y para información de ellos recibieron juramento del Vicario de Segura y de Jorge del Tejo, a los cuales por los dichos visitadores fue preguntado en qué tiempo se cayó, sobre lo cual declaró el dicho Vicario en que dijo que se acuerda de más de treinta años de verlo así caído. Y el dicho Jorge del Tejo dijo que so cargo del juramento que hizo que se acuerda de veinte y dos años de verlo caído y que no sabe cuando se cayó; lo mandaron poner en este libro para hacer de ello recibo a sus altezas.

Y después de lo susodicho, en este dicho día, ante los dichos visitadores pareció el dicho Francisco de Zambrano y dijo que por cuanto los visitadores pasados mandaron que algunas almenas y pedazos de la barrera de la dicha fortaleza reparase don Pedro Puertocarrero como heredero del Maestre don Alonso de Cárdenas, lo cual fue mandado en perjuicio y agravio suyo, por merced, que requería a los dichos visitadores, que recibiesen los testigos que por su parte les fueron presentados por donde mostraría el dicho reparo no pertenecía al dicho don Pedro. Los dichos visitadores dijeron que oían lo que decía y que eran prestos de recibir los dichos testigos y hacer sobre ello lo que sea justo y por sus altezas les es mandado, testigos los dichos.

Y luego el dicho Francisco de Zambrano presentó por testigos a Pedro Ruiz y Alonso Gil y Ruy Sánchez Vellón y a Juan Romero, vecinos de la dicha villa, de los /134/ cuales y de cada uno de ellos fue recibido juramento en forma debida de derecho y so cargo de él dijeron que dirán verdad de lo que supieren acerca del caso que son preguntados por testigos y por los dichos visitadores les será preguntado.

El dicho Pedro Ruiz, testigo jurado y ratificado fue preguntado por los dichos visitadores si sabe que la barrera que está derribada a la mano izquierda como sube de la puerta primera de la dicha barrera de la fortaleza, cuánto tiempo ha que está caído, o si se acuerda o oyeron decir cuándo se cayese el dicho pedazo de barrera, el cual dijo que ha cincuenta y cinco años que vive en esta villa, que se acuerda de los treinta y cinco años aún estar como ahora está y que no se acuerda ni oyó decir cuando se cayese.

El dicho Alonso Gil, testigo jurado y ratificado preguntad por la dicha pregunta dijo que se acordaba de cincuenta años a esta parte y que todavía lo vido caído y que nunca oyó decir cuando se cayese y que esta es la verdad para el juramento que hizo.

El dicho Ruy Sánchez Vellón, testigo jurado y ratificado, preguntado por los dichos visitadores por la dicha pregunta, dijo que se acuerda de cuarenta años a esta parte que siempre lo vido caído el dicho pedazo de barrera y que nunca oyó decir cuando se cayese y que esta es la verdad para el juramento que hizo.

El dicho Juan Romero, testigo jurado y ratificado, preguntado por las dichas preguntas dijo que se acuerda que de cincuenta años a esta parte siempre lo vido caído todo lo que le es preguntado de la dicha barrera y que no oyó decir cuando se cayese y que esto es lo que sabe para el juramento que hizo.

 


Y luego los dichos visitadores visitaron el horno de poya que la dicha Orden tiene en la dicha villa; y hallaron por la visitación pasada que los visitadores /135/ pasados lo habían mandado hacer y para ello habían dejado depositados en poder de ciertas personas de la dicha villa, nueve mil y doscientos maravedíes, el cual dicho horno hallaron hecho y bien reparado, salvo que había menester unas puertas y acabar de cubrir un poco de tejado; y para saber si los dichos maravedís que así estaban depositados, había gastado enteramente en el dicho horno, recibieron juramento de Pedro Sánchez, vecino de la dicha villa de Segura, que fue el que distribuyó y tuvo cargo de gastar los dichos maravedíes y hacer el dicho horno; y el cual declaró que había recibido y gastado en el dicho horno siete mil y doscientos maravedíes.

Y luego los dichos visitadores mandaron  Diego Ferrández y a Gómez García y a Ruy López, vecinos de la dicha villa, que fueron los depositarios de los dichos nueve mil y doscientos maravedíes, que dieran cuenta en qué los gastaron los dichos maravedíes, donde non que mandarían ejecutar en sus bienes por los dichos dos mil maravedíes que resta por gastar según la declaración del dicho Pedro Sánchez.

Y luego los dichos depositarios dijeron que el dicho Pedro Sánchez como la obra de este dicho horno a hacer a destajo por los dichos nueve mil y doscientos maravedíes, los cuales él tenía recibidos enteramente y en su poder de ellos no había dinero ninguno; sobre lo cual hubieron más información los dichos visitadores y se halló ser verdad; sobre lo cual mandaron a los alcaldes de la dicha villa que luego apremien al dicho Pedro Sánchez a que acabe de hacer el dicho tejado y todo lo demás que se hallare que entró en el dicho destajo y mandaron al señor don Pedro Portocarrero y a Francisco de Zambrano, en su nombre, en su nombre en virtud de obediencia que haga las puertas del dicho horno y un torno para él, dentro de un mes primero cumplido.

 


Y después de lo susodicho, veinte y seis días del dicho mes de setiembre de dicho año (26-09-1498), los dichos visitadores visitaron la casa que la Orden tiene en la dicha villa, la cual los visitadores pasados mandaron hacer al dicho don Pedro y hallaron que no estaba hecha casa ninguna en ella.

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Y luego los dichos visitadores mandaron a Lázaro Martínez y a Diego de Villalobos, maestros de obras y albañiles, que viesen las dichas casas y tasasen y apreciasen lo que podría costar hacerse para casa de aposentamiento y para bastimento de pan y vino, de los cuales recibieron juramento en forma debida de derecho que dirán verdad y apreciarán lo que supieren en sus conciencias qué puede costar la dicha obra poco más o menos, testigos, el bachiller Rodrigo del Castillo y Juan de Madrid y Alonso Pérez de Coronado, vecinos de Segura.

Y luego los dichos albañiles vieron la dicha obra y tasaron lo que podría costar de hacer y en qué tiempo se podría hacer y declararon lo siguiente: dijeron y declararon que puede costar hacer la dicha casa de aposentamiento y el dicho bastimento para pan y para vino, todo tasado, cada cosa sobre sí, doscientos y seis mil y doscientos y ochenta y ocho maravedíes y que ha menester de término para hacer la dicha obra para que esté firme y según es trabajoso subir el pertrecho a la dicha villa, tres años, y que esto declaran a todo su parecer para el juramento que hicieron, testigos, Pedro Ximénez y Alonso García y Pedro Ruiz, vecinos de la dicha villa.

Para lo cual cumplir y ejecutar, los dichos visitadores recibieron juramento de Pedro Ximénez, vecino de la dicha villa, que tiene cargo de recibir los diezmos en la dicha villa por el dicho don Pedro, al cual preguntaron so cargo del dicho juramento, qué maravedíes o pan o otras cosas tiene a su cargo de la dicha Encomienda, así de año pasado como de este presente año de noventa y ocho años; el cual declaró so cargo del dicho juramento que hecho tiene, que son a su cargo del año pasado treinta mil maravedíes de trescientas fanegas de trigo que vendió; y más doscientas y ochenta fanegas de trigo en grano. Y de este presente año de noventa y ocho años, cincuenta y ocho mil maravedíes en dineros de las menucias y más hasta quinientas fanegas de trigo y de los dichos dos años hasta cien fanegas de cebada y hasta veinte y ocho fanegas de escaña y avena y non más so cargo del dicho juramento que hizo.

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Los dichos visitadores mandaron al dicho Pedro Ximénez que tenga en sí de manifiesto los dichos maravedíes y pan y non anda con ellos al dicho señor don Pedro ni a otra persona ninguna que por él los hubiere de haber sin que para ello tengan otro mandamiento en contrario de lo que por los dichos visitadores le es mandado y que de los dichos maravedíes gaste luego en el camarancho y tejado de la torre del homenaje que fueron tres mil y seiscientos y veinte maravedíes en que fue apreciada la obra y que lo haga hacer de aquí al día de Navidad primera que viene. El cual dicho Pedro Ximénez se otorgó por contento de los dichos tres mil y seiscientos y veinte maravedíes y se obligó de hacerlo en el dicho término, testigos los dichos.

Otrosí, le mandaron al dicho Pedro Ximénez, los dichos visitadores, que acuda con todos los otros maravedíes y pan restantes del dicho depósito que en él había hecho a Ruy Sánchez del Arroyo y a Antón García Pretel, vecinos de la dicha villa, para que tengan cargo de hacer la dicha casa de la dicha Orden y bastimento, los cuales entendieron que son buenas personas llanas y abonadas para ello; a los cuales mandaron los dichos visitadores que hagan hacer la dicha obra dentro de los dichos tres años primeros siguientes y que comiencen luego a poner mano en la dicha obra y non la cesen hasta ser acabada. Y mandaron al dicho Pedro Ximénez que así lo haga y cumpla y acuda con el dicho depositario a los susodichos, so la pena en que caen los depositarios y de la merced del rey y la reina nuestro señores. Y mandaron a los dichos Ruy Sánchez y Antón García que hagan y cumplan todo lo que por ellos les es mandado so pena de la merced de sus altezas y que non lo haciendo, lo harían a su costa y de sus bienes, testigos Lázaro Martínez y Alonso Ruiz y Diego de Villalobos.

 


Este dicho día ante los dichos visitadores, pareció el dicho Francisco de Zambrano y por ante mí el escribano insoescripto, presentó una petición, su tenor de la cual es esta que se sigue:

Nobles y virtuosos señores, el comendador Rodrigo Dávalos y Pedro de Morales, cura de Valdiacete, visitadores que sois en la Orden de Santiago, en esta /138/ provincia del Reino de Murcia, por el rey y reina nuestros señores y representando yo al comendador, Rodrigo de Zambrana, alcaide que soy en esta villa de Segura por don Pedro Puertocarrero, comendador de la dicha villa, mi señor, paresco ante vos ambos y en nombre y como procurador que soy del dicho comendador, mi señor, en la mejor forma y manera que con derecho puedo y debo, digo en el dicho nombre que a mi noticia es venido que vuestras mercedes visitando y reformando esta dicha encomienda, mandan hacer ejecución en bienes del dicho comendador, mi señor, dis que para hacer las casas de la Orden en esta dicha villa porque los visitadores antepasados las mandaron hacer y non son hechas, en lo cual todo el dicho don Pedro, mi señor, recibe mucho agravio e injusticia por las causas y razones siguientes: lo primero porque los dichos visitadores al tiempo que mandaron hacer las dichas casas, lo mandaron en ausencia de don Pedro, mi señor, y nunca en su nombre y de derecho debiera ser mandado en su presencia o a lo menos de que un poder suyo tuviera para que viniera a su noticia. Lo segundo porque los dichos visitadores non fueron bien informados acerca de la dicha casa, porque vuestras mercedes hallaran que las dichas casas fueron caídas en vida del comendador don Rodrigo Manrique, conde de Paredes, el cual edificó tres casas a su costa y murió, (¿) en la villa de Siles y al tiempo que el comendador don Pedro Manrique pasó de esta presente vida por descargo de su conciencia en compensación de estas casas que aquí se cayeron, dio para la Orden las dichas casas de Siles; y como los dichos visitadores en ausencia de don Pedro, mi señor, y mía en su nombre, hicieron la dicha visitación y mandamiento non hubo quien de lo susodicho los informasen, quedó el dicho mandamiento así escrito en los libros de la visitación, por merced señores, en el dicho nombre pido y suplico a vuestras mercedes, manden sobreseer en la dicha ejecución hasta que de lo que dicho es, sus altezas sean informados y provean acerca de ello, lo cual sea su servicio, en otra manera lo contrario haciendo protesto el derecho de don Pedro, mi /139/ señor, quede a salvo y en nombre de su señoría apelo de vuestro mandamiento y de cómo lo digo y pido y suplico, pido al escribano presente me lo dé por testimonio para guarda y conservación del derecho de don Pedro, mi señor, y mío en su nombre.

Los dichos visitadores dijeron que respondiendo a la petición y requerimiento a ellos hecho por el dicho Francisco de Zambrana, que ellos son meros ejecutores diputados por sus altezas para cumplir y ejecutar lo que no hallaron hecho y cumplido de lo que los visitadores pasados mandaron y que en este artículo no tiene conocimiento de causas, ni pueden recibir ejecuciones, ni razones algunas de las contiendas en la dicha petición, por ende que las alegue si quisiere ante sus altezas como administradores perpetuos de la dicha Orden, que ellos no pueden hacer otra cosa sino ejecutar y que esto dan por su respuesta y ratificación; testigos el bachiller Rodrigo del Castillo y Francisco de Noruena.

 


Y después de esto, en la dicha villa de Segura, este dicho día, mes y año susodicho, ante los dichos Rodrigo Dávalos, comendador de Montealegre y Pedro de Morales, cura de Valderacete, visitadores susodichos, y en presencia de mí el dicho escribano y testigos de insoescriptos, pareció Pedro Baeza procurador que se dijo ser de la dicha villa y presentó una petición, su tenor de la cual es esta que se sigue:

Muy virtuosos señores, yo Pedro Baeza, vecino y vecino y procurador síndico que soy del Concejo, alcaldes, alguaciles, regidores, caballeros y escuderos, oficiales y hombres buenos de esta villa de Segura de la Sierra, parezco ante vuestras mercedes y digo que a mi noticia es venido en como vuestras mercedes, visitando y reformando esta dicha villa por mandado de sus altezas, mandaron a los oficiales de ella les diesen la copia de los caballeros de cuantía de esta dicha villa, a los cuales ésta dicha villa ni yo en su nombre hablando con aquella reverencia y acatamiento que debo non /140/ seremos ni somos obligados porque en esta villa no hay ningunos caballeros de cuantía nunca jamás en tiempo alguno les fue pedidas ni demandadas las tales cuantías por sus altezas ni por los Maestres de gloriosa memoria antepasados y esta dicha villa que tiene costumbre inmemorial de tener caballeros si algunos hay de gracia, los cuales nunca fueron puestos en copia alguna, ni hecho alarde ante los Maestres ni Comendadores pasados ni al presente, ni a ello fueron, ni son obligados salvo si algunos alardes se hicieron algunas veces fueron hechos ante los alcaldes ordinarios de esta villa, como caballeros de fuero tan solamente para gozar de ciertas preeminencias y libertades que los dichos caballeros por las leyes de nuestro fuero tienen en razón de los oficios y otras cosas contenidas en las dichas leyes, por merced señores en nombre de la dicha villa mi parte, pido y suplico a vuestras mercedes no se entremetan a pedir ni demandar la dicha copia, antes nos quiera mandar guardar nuestra preeminencia y uso y costumbre que acerca de este caso la dicha villa mi parte y yo en su nombre tenemos mayormente que sus altezas nos la tienen mandada guardar según parece por una provisión que de sus altezas esta villa tiene para las villas y lugares de su tierra (¿) que están en costumbre de empadronarse y hacer alardes que acerca de las cuantías de que habían de tener caballos mandaron proveer, de la cual si necesario es hago presentación ante vuestras mercedes en lo cual tubo vuestras mercedes hará servicio a Dios y administrarán justicia y a esta villa y a mí en su nombre mucha merced.

Y luego los dichos visitadores dijeron que oían lo que decían y que les mandaban que diesen información de lo que dicen y que son prestos de hacer lo que sea justo, testigos Pedro Ruiz y Diego de Villalobos, vecinos de Segura.

Y luego el dicho Pedro Baeza presentó por testigos para información de lo suso /141/ dicho a Alonso Gil y a Juan Romero y a Pedro Ruiz y a Martín García de Ocaña, vecinos de la dicha villa de Segura, que presentes estaban, de los cuales y de cada uno de ellos recibieron juramento los dichos visitadores en forma debida de derecho que dirán verdad de lo que supieren acerca del caso que son presentados por testigos y les fuere preguntado, los cuales y cada uno de ellos dijeron sí juro y amén, testigos los susodichos.

El dicho Alonso Gil, testigo jurado y ratificado, preguntado por los dichos visitadores si sabe que en algún tiempo, en la dicha villa hubiese caballeros de cuantía o si en algún tiempo fueron apreciadas haciendas para echar a los dichos cuantiosos caballos y armas según que los otros lugares son echados o si lo oyó a su padre o a otros hombres antiguos de la dicha villa; el cual dijo y declaró que puede haber cincuenta años que se acuerda que nunca fueron acontiados ni repartidos caballeros en esta dicha villa, ni nunca lo oyó decir a los antiguos ante de él y que esto es lo que sabe para el juramento que hizo.

El dicho Juan Romero, testigo jurado y ratificado, preguntado por los dichos visitadores por las preguntas susodichas; dijo y declaró que se acuerda de cincuenta años a esta parte que nunca fueron repartidos caballeros, ni acontiados para echarlos a personas ningunas de esta dicha villa, ni se acuerda oírlo a ninguna persona en ningún tiempo y que esto es lo que sabe para el juramento que hizo.

El dicho Pedro Ruiz, testigo jurado y ratificado, preguntado por los dichos visitadores por las preguntas susodichas; el cual dijo y declaró que se acuerda de cuarenta años a esta parte que nunca vido acontiar, ni echar caballos por premia a ninguna persona, ni lo oyó decir a su padre, ni a persona ningunas antiguos y que esto es lo que sabe para el juramento que hizo.

El dicho Martín García de Ocaña, testigo jurado y ratificado, preguntado por /142/ los dichos visitadores por las preguntas susodichas; dijo y declaró que se acuerda de cuarenta años a esta parte, que nunca en esta dicha villa fueron acontiados ningunas personas, ni fueron echados caballos de premia en la dicha villa, ni nunca lo oyó decir a ninguna persona de los antiguos en tiempo ninguno y que esto es lo que sabe para el juramento que hizo.

Y luego los dichos visitadores dijeron que vista la dicha información por los dichos de los testigos, que mandaban asentarlo en el libro de la visitación para hacer de ello relación a sus altezas.

Y luego el dicho Pedro Baeza dijo que los vecinos que hay en la dicha villa son ciento y cuarenta vecinos, lo cual juró en forma en nombre del dicho Concejo, testigos los susodichos.

 


Visitación de los muros de la villa.

Y después de lo susodicho, este dicho día, los dichos visitadores fueron a visitar los muros y puertas de la dicha villa, en los cuales habían mandado hacer los visitadores pasados ciertas obras y hacer ciertas puertas, lo cual hallaron y vieron por vista de ojos non están hechos. Y para lo ejecutar en el Concejo de la dicha villa a quien fue mandado hacer; y para saber cuánto será menester para reparar la puerta de hacia Orçera y otras partes de los muros que están socavados y agujeros hechos encima del adarve de la puerta de hacia Hornos, lo mandaron apreciar a Diego de Villalobos y a Lázaro Ferrández, albañiles, sobre juramento que de ellos primeramente recibieron que tasarán y moderarán lo que costarán hacer los dichos reparos, así de las dichas puertas como de los dichos muros, los cuales juraron en forma, y fueron a ver los dichos reparos; y declararon que para el reparo de todo lo susodicho que son menester siete mil y seiscientos y treinta maravedíes. Los cuales dichos maravedíes, los dichos visitadores depositaron en poder de Alonso Vázquez, alcalde de la dicha villa, el cual se dio por contento de ellos y le /143/ mandaron que dentro de un año primero siguiente, hagare reparar los dichos edificios que así se mandaron hacer, so pena que los harán de sus bienes y a su costa y el dicho Alonso Vázquez se obligó de hacerlo y reparar en el término de un año de los dichos maravedíes so la dicha pena, testigos que fueron presentes Pedro Ruiz y Lázaro Ferrández y Alonso García de Coronado, vecinos de la dicha villa.

 

Y después de lo susodicho, este dicho día, en la dicha villa de Segura ante los dichos visitadores, pareció la mujer de Miguel López y dijo que por cuanto sus mercedes habían mandado traer ante ellos los títulos de los censos de las heredades que había en la dicha villa, que por cuanto ella y su marido tenían a censo una casa que es alinde de los baños, por cuatro gallinas, de lo cual mostró cierta respuesta (¿) y porque aquella non estaba confirmada por el capítulo general, los dichos visitadores hubieron información si el dicho censo era en pro y utilidad de la Orden, lo cual se halló que no valía más de tributo de lo que por ella daba el dicho Miguel López, sobre lo cual mandaron consumar el dicho censo y mandaron al dicho Miguel López que lo confirme en el primer capítulo que hubiere de la dicha Orden, testigos Pedro González y Alonso García carpintero, vecinos de la dicha villa.

 

Y después de lo susodicho, ante los dichos visitadores pareció la mujer de Alonso de Utrera, vecino de la dicha villa y dijo que por cuanto su marido tiene un censo de dos gallinas, en las casas de las bóvedas de los baños de la Orden, que pide a los dichos señores visitadores que por cuanto non tiene confirmación del capítulo general de la dicha casa, que hayan información de Pedro González carpintero y de Pedro González Dávila que presentes estaban, si el dicho censo está en pro y utilidad de la dicha Orden.

Y luego los dichos visitadores recibieron juramento en forma debida a los susodichos y de cada uno de ellos, so cargo del cual les /144/ preguntaron que si saben que la dicha casa que tiene a tributo el dicho Alonso de Utrera, si está en pro de la dicha Orden y si las hubiesen de dar a otro a tributo, si hallarían más por ellas; los cuales declararon que para el juramento que hecho tenían, que quien que está en pro y utilidad de la dicha Orden, el dicho censo y que no hallarían quien más diese por ella de las dichas dos gallinas; le dejaron el dicho censo, los dichos visitadores, por la dicha información y le mandaron al dicho Alonso de Utrera que del primer capítulo general que se celebrare traiga información del dicho censo, testigos Pedro Baeza y Ruy Sánchez, vecinos de la dicha villa.

 


Y después de lo susodicho, este dicho día, en al dicha villa, ante los dichos visitadores pareció Pedro Baeza, vecino de la dicha villa, y dijo que por cuanto él tenía un corral de la Orden a censo por tres gallinas, lo cual no tenía confirmación, que pedía a los dichos señores visitadores a ver información de dos personas para que vean si el dicho censo está hecho en pro y utilidad de la dicha Orden.

Y luego los dichos visitadores recibieron juramento de Alonso García carpintero y de Alonso González, que presentes estaban y so cargo del cual les preguntaron que si saben que el censo de las dichas tres gallinas del dicho corral, si está en pro y utilidad de la dicha Orden, que si lo hubieren de dar a en censo a otra persona, si daría más  por él; los cuales declararon y dijeron so cargo del juramento que hecho tenían, que a todo su creer que el dicho censo de  las dichas tres gallinas en el dicho corral que está bien y en pro de la dicha Orden y que creen que no habría quien más diese por él, testigos los dichos. Y luego los dichos visitadores dijeron que mandaban al dicho Pedro Baeza que del primer capítulo que se celebrase traiga confirmación, testigos los dichos.

 

Y este dicho día pareció ante los dichos señores visitadores, Alonso García carpintero y dijo que él tiene una casa a censo de la Orden por cinco gallinas y presentó una carta de dicho censo sin confirmación y les pidió que le manden /145/ confirmar el dicho censo; y luego los dichos visitadores recibieron juramento de Pedro Baeza y de Pedro Ruiz so cargo del cual les preguntaron si el dicho censo que el dicho Alonso García, carpintero, hacía a la dicha Orden de la dicha casa de las dichas cinco gallinas si está en pro y utilidad de la dicha Orden y si habrá quien más diese por la dicha casa; y los dichos testigos dijeron y declararon que el dicho censo de las dichas cinco gallinas en la dicha casa está en pro y utilidad de la dicha Orden y que si ellos lo hubieran de tomar cuando el dicho Alonso García lo tomó que no lo dieran por ella porque ahora él las tiene obradas y bien reparadas; le mandaron que del primer capítulo que sus altezas mandaren celebrar traigan confirmación, testigos Pedro González y Ruy Sánchez Vellón.

 

Y este dicho día pareció ante los dichos visitadores Ruy Sánchez del Arroyo y Ruy Sánchez Vellón, regidores de la dicha villa y dijeron que el Concejo tenía los huertos de Gondar arrendados en dos gallinas cada un año, que se lo hacían saber.

Pedro González Dávila pareció ante los dichos visitadores y dijo que él tenía un huerto de la Orden arrendado por diez años por ocho gallinas en cada un año, que lo hacía saber.

Las rentas de lo que tiene la dicha Encomienda en la dicha villa de Segura no se ponen aquí porque en fin de la visitación de la dicha Encomienda se pone todo el valor de ella.



 

COMENTARIO: El 26 de septiembre de 1.498 los visitadores santiaguistas Rodrigo Dávalos, comendador de Montealegre y Pedro de Morales, cura de Valdiacete, llegaron a la villa de Segura de la Sierra.

- Presentación a las autoridades locales.

Los visitadores se reunieron con Pedro López de Solano, alcalde, y Ruy Sánchez del Arroyo y Ruy Sánchez Ballestero y Antón García Pretel, regidores, y Bartolomé Sánchez Delgado, alguacil, a los cuales los visitadores mostraron e hicieron leer los poderes reales y los dichos oficiales le obedecieron con aquella reverencia que debían y en cuanto al cumplimiento, que estaban prestos de cumplirlo en todo y por todo según que en ellos se contiene.

Fue pregonado en la plaza de la dicha villa, que si había algunas personas que tuviesen queja del comendador (don Pedro Portocarrero) o de sus alcaides o mayordomos o mamposteros, que lo vengan a denunciar ante ellos y que les sería hecho cumplimiento de justicia.

Y asimismo si había algunas personas que tuviesen censo sobre algunas heredades que paguen a la dicha Orden, que vengan a mostrar los títulos que de ellos tienen dentro de tercero día y que no mostrándolos, adjudicarían las tales heredades a la dicha Orden.

- Visitación de la Iglesia

Los dichos visitadores fueron a visitar la iglesia de la dicha villa que es de la vocación de Nuestra Señora la Virgen María; la cual es de tres naves sobre pilares y arcos de ladrillo, cubierta de madera de pino antigua y las naves de los lados cubiertas de madera de pino nueva y tiene un altar mayor bien ataviado con sus gradas al pie de él y junto con él está un sagrario de yeso y al cabo de la iglesia una tribuna y de frente de la puerta principal de la iglesia está una capilla pequeña de San Bartolomé con una red de madera delante y tiene un altar bien ataviado y un retablo mediano de pincel. También tiene su campanario con dos campanas.

Y luego visitaron e hicieron inventario del ajuar litúrgico de la iglesia: plata, ornamentos, libros, campanas y posesiones de la dicha iglesia.

A continuación los visitadores toman las cuentas al mayordomo de la iglesia Gonzalo López, al que mandan hacer algunas cosillas.

- Vicario.

Los visitadores hallaron en la dicha iglesia por vicario a Juan García Román, clérigo de la Orden de Santiago. Alonso Vázquez, alcalde de Segura les dijo a los visitadores que por descargo de su conciencia denunciaba y hacía saber la situación de amancebamiento del Vicario, al que le abren un expediente con información de testigos.

- Ermitas.

Se visitó la ermita de San Sebastián, la cual es de tres naves, la de el medio es nueva de muy buena madera acepillada y está cubierta hasta la mitad y está hecho sobre arcos de calicanto; no tiene altar, sino un paño pintado la imagen de San Sebastián.

También se visitó la ermita de San Vicente, la cual está hecha de una nave, tiene un altar y en él un retablo de pincel y las imágenes de San Vicente y San Miguel y una imagen pequeña de Nuestra Señora de bulto; y en el altar hay unos manteles limpios y un frontal de lienzo y una lámpara de hierro; y al cabo de esta dicha ermita está una chimenea para el santero: Las cuales dichas ermitas encomendaron al Concejo los dichos visitadores para que las reparen pues no tiene renta ninguna.

- Fortaleza.

Los visitadores recorrieron y describieron el castillo y sus defensas y el alcaide Francisco de Zambrano les hizo el “pleito homenaje”. Los visitadores vieron que reparaciones mandadas en la visita anterior estaban sin ejecutar y lo pusieron en conocimiento del alcaide Francisco de Zambrano el cual alego que había obras que no correspondían al actual comendador Pedro Puertocarrero sino a los comendadores anteriores.

- Horno de pan.

Y luego los dichos visitadores visitaron el horno de poya que la dicha Orden tiene en la villa; y hallaron por la visitación pasada que los visitadores pasados lo habían mandado hacer, el cual dicho horno hallaron hecho y bien reparado, salvo que había menester unas puertas y acabar de cubrir un poco de tejado.

- Casa de la Orden.

También visitaron la casa que la Orden tiene en la villa, la cual los visitadores pasados mandaron hacer al dicho comendador don Pedro Portocarrero y hallaron que no estaba hecha casa ninguna.

Los visitadores mandaron que se tomaran la tasación de 206.288.- maravedíes de los diezmos del comendador don Pedro Portocarrero para construir la casa de aposentamiento y bastimento.

- Vecinos y caballeros de cuantía.

El concejo manifestó que por sus fueros no tenían obligación de tener caballeros de cuantía y que el número de vecinos era de 140.

- Murallas y puertas de la villa.

Los visitadores fueron a visitar los muros y puertas de la villa, en los cuales habían mandado hacer los visitadores pasados ciertas obras y hacer ciertas puertas, lo cual hallaron y vieron por vista de ojos que no están hechos. Se tasaron los reparos en 7.630.- maravedíes y los visitadores mandaron al Concejo que lo ejecutaran por ese precio.

 


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